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domingo, 6 de diciembre de 2015

Mikel Laboa, in memorian

https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Mikel_Laboa_abeslaria.jpgUn 1 de diciembre de hace siete años murió el que quizás ha sido y será el mejor cantautor vasco de todos los tiempos: Mikel Laboa.

Mikel Laboa aunó la experimentación musical y poética con la lírica tradicional vasca y el folklore europeo, en una mezcla única entre raíz y vanguardia que lo convirtió en una figura clave de la música folk a nivel internacional. La propia Joan Baez cantó su Txoria txori (en euskera) en un concierto memorable, y volvió a incluirla en su repertorio en muchos conciertos a lo largo y ancho del mundo.
Mikel Laboa fue también un referente político de la izquierda transformadora, comprometido en la causa de la libertad, de la paz y de la lucha obrera.
En un paisaje musical donde abunda la basura esponsorizada, a Mikel Laboa le seguimos echando de menos.

El mejor homenaje es seguir escuchando, leyendo y difundiendo sus canciones y su poesía.


TXORIA TXORI
Hegoak ebaki banizkio
neria izango zen,
ez zuen aldegingo.
Bainan, honela
ez zen gehiago txoria izango
eta nik...
txoria nuen maite.

Si le hubiera cortado las alas
se habría quedado conmigo,
no se habría escapado.
Pero así,
habría dejado de ser pájaro.
Y yo...
yo lo que amaba era un pájaro.

 
 Mikel Laboa gure buruan.

viernes, 27 de marzo de 2015

La condena del olvido: Missak Manouchian

En nuestra bienpensante sociedad pequeñoburguesa no hay nada peor que recordarle al mundo libre y bien alimentado que las ventajas de las que goza, el bienestar en el que se revuelca la bendita clase media, suelen estar tejidos paciente, lenta y dolorosamente con sangre, sudor y lágrimas. Pero de manera literal, no como cita metafórica.
Masas ingentes y anónimas de personas tuvieron que ser aplastadas por los engranajes del progreso para que una minoría de elegidos podamos disfrutar de los avances del capitalismo en cuanto a confort y seguridad, y no nos gusta escuchar cómo llegó todo esto a nuestras manos.

lunes, 25 de agosto de 2014

La obsesión de Podemos por Gramsci

Si hay un pensador que se cita y se recita en el núcleo dirigente de Podemos, ese es Antonio Gramsci, el histórico dirigente del Partido Comunista Italiano.
Pese a ser considerado como un clásico del marxismo, Gramsci fue uno de los grandes renovadores de las teorías de Marx y también de Lenin, pese a que jamás atacara el núcleo duro de la teoría.
Uno de los aspectos que más atraen del pensamiento de Gramsci (aparte de su férreo compromiso, que le llevó a la cárcel) es su supuesta heterodoxia o flexibilidad, ya que a diferencia de muchos dirigentes comunistas de su época, Gramsci defendió la idea de que la revolución era un objetivo dinámico, en continua transformación. El marxismo clásico, por ejemplo, otorgaba el papel de dinamizador de dicha revolución a los obreros industriales, el proletariado, mientras que Gramsci, como ya lo hizo Lenin, defendió que todo grupo social explotado podía convertirse en elemento de vanguardia revolucionaria. Ponía como ejemplo a los campesinos rusos, pero también a los jornaleros del sur de Italia.

domingo, 21 de agosto de 2011

Un pequeño experimento antropológico

Érase una vez un señor tan retorcido y resentido y que odiaba tanto a la Humanidad, que se le ocurrió predicar una religión basada en el sufrimiento, en la que todo lo que hacía felices a los seres humanos era pecado y todo lo que les hacía sufrir se consideraba un instrumento para la salvación (que consistía en una vida sin ningún sufrimiento después de morirte).
-"¡Qué idiotez!"- diréis-,"¿qué clase de lelo abrazaría esa religión tan absurda?" Bueno, recordad que esto es un cuento que no tiene nada que ver con la realidad. Prosigamos:
En el colmo de la irracionalidad, se le ocurrió prohibir alguna cosa que todo el mundo necesitara para vivir y que a todo el mundo le resultara realmente placentera. Al principio pensó en prohibir el canto, pero se dio cuenta de que podría usarlo para sus ceremonias. Después pensó en prohibir la comida, pero sus acólitos y adoradores morirían, así que llegó a la conclusión de que sólo proscribiría ciertos alimentos o en ciertas fechas sagradas (¿hay algo más irracional que una cosa esté prohibida o permitida según el día?). Así que pensó en el sexo. Y dicho y hecho. Empezó a predicar que el sexo era malo.
Y, (¡lo que son las cosas!), la gente empezó a tragárselo todo y a pensar que masturbarse o darse un revolcón era pecado.
-"¡Venga ya!", estáis pensando. "Nadie pensaría de manera autónoma que el sexo es negativo. Además, una sociedad así acabaría neurótica, con un sentimiento de culpa institucionalizado y mal canalizado que acabaría con la mitad de la población dependiente de los barbitúricos". Recordad que es una ficción.
Incluso los chamanes de esa religión guardaban el celibato de por vida y predicaban desde los templos las virtudes de la castidad, aunque permitían el sexo sólo en los casos en los que se hacía para procrear.
Ahora viene el experimento antropológico: una vez discutía con un compa del trabajo sobre la creatividad y la versatilidad de las sociedades humanas, y me decía que prácticamente se habían experimentado en el planeta todas las formas de sociedad, de gobierno o de religión imaginables, por enrevesadas e imposibles que parezcan.
Así que por eso os he puesto este ejemplo de irracionalidad extrema, a ver si alguien es capaz de demostrarme que alguna vez ha existido, ni por asomo, una religión en el planeta parecida a ésta.

domingo, 8 de mayo de 2011

No estamos obligados a elegir entre lo mismo y lo mismo

"No estamos obligados a elegir entre lo mismo y lo mismo.
Tenemos las manos vacías,
pero las manos son nuestras".

Así acaba el vídeo que Izquierda Unida está usando en campaña. Se basa en un texto que Eduardo Galeano ha cedido a IU, y os juro que hacía ya tiempo que un texto no me producía esta emoción.
Porque nos están llevando al huerto convenciéndonos de que luchar por lo que es justo es prehistórico. Ha llegado la hora de indignarse contra lo indigno, de rebelarse contra este estado de cosas impuesto por los poderosos.
Yo no quiero ser moderno, lo que quiero es un mundo donde las personas puedan desarrollarse con dignidad.

Os invito a ver el vídeo, porque, de verdad, no tiene desperdicio.

martes, 12 de enero de 2010

El consenso en la educación

Hace unos días el gobierno estatal ha anunciado a bombo y platillo que los partidos dinásticos (PSOE y PP) han llegado a un consenso en lo referente a la Educación.
La noticia, en una primera aproximación, debería alegrarnos: es vox populi que la escuela pública ha venido a menos en las dos últimas décadas y que tiene problemas estructurales agravados por el continuo vaivén de leyes y contraleyes promulgadas por el gobierno de turno, lo que aconsejaría un pacto de Estado en lo referente a la Educación en España.
Sin embargo, si analizamos dicho consenso alcanzado, más bien se nos deberían poner los pelos como escarpias.
Uno de los peores males que aqueja a la Escuela Pública, como bien analizaba Carlos Fernández Liria en un reciente artículo de Público, es la existencia de un sistema doble que financia y prima la educación privada (en forma de colegios concertados) en detrimento de la pública, que va acogiendo a los sectores sociales más desfavorecidos y con mayores necesidades de todo tipo. Como bien se dice en dicho artículo de Público, la supuesta igualdad de admisión de alumnado en los colegios privados es una falacia, ya que dichos centros se saltan dicha formalidad con diversas artimañas, como la de cobrar sobretasas astronómicas para una familia humilde por conceptos como material escolar, excursiones obligatorias, etc. Lo lógico (desde la izquierda) sería dejar de financiar a los colegios privados y utilizar dichos recursos para mejorar la educación pública, pero la miopía pacata y pequeñoburguesa de ciertos sectores del PSOE han perpetuado este estado de cosas de manera que ni se plantea esto como posibilidad.
Entonces, ¿de qué consenso hablamos? Porque el modelo educativo del PP (como se puede comprobar en la Comunidad de Madrid) está clarísimo: una educación competitiva, destinada a cubrir las necesidades del mundo empresarial y con segregación del alumnado según sus ingresos económicos (lease colegios concertados), por supuesto con la religión como asignatura (con lo que esto implica: contratación a dedo de profesorado por parte de la Conferencia Episcopal, ideologización, etc.). Si lo que se pretende es un sistema educativo donde se vaya cribando a nuestros hijos e hijas para cubrir la demanda del mercado y donde las decentes familias de clase media se sientan a salvo de la contaminación social de pobres, inmigrantes y todo tipo de sectores considerados por ellos como indeseables, mejor dejarse de milongas de consensos para quedar bien en la foto y atreverse de una vez a llevar a cabo reformas en profundidad.
Que para este viaje no hacían falta alforjas.

lunes, 5 de octubre de 2009

Devenir perra, de Itziar Ziga

Hace unos días llegó a mis manos un libro atípico. Se trataba de “Devenir perra”, de Itziar Ziga, un alegato feminista, pero con un enfoque totalmente distinto a todo lo que en nuestra sociedad impoluta y políticamente correcta se considera aceptado.
Itziar Ziga no oculta su intencionalidad tendenciosa en ningún momento, sino que se ratifica en ella y nos advierte antes de que nos enfrentemos a la lectura de su ensayo: “soy radical. Radical se dice de quien busca la raíz de las cosas. Así que no ser radical es ser, como poco, superficial y, en realidad, estúpida. A pesar de lo que digan los telediarios”. Y remata en su introducción: “Soy una zorra vasca feminista radical malhablada panfletaria. Antes de que lo escupa nadie, ya lo he dicho yo.”
Ziga forma parte de uno de los subproductos de la era posfeminista, de los grupos de mujeres urbanitas, desclasadas y sin tabúes que ella misma denomina “las perras”, mujeres que explotan hasta el esperpento la hiperfeminidad, el pantojismo, como una especie de bofetada al mundo clasista y patriarcal.
Itziar Ziga, a través de su vivencia personal, nos introduce en el mundo de las perras al tiempo que no deja títere con cabeza, sin ningún tipo de compasión ni hacia sus correligionarias feministas. Reivindica, entre otras muchas cosas, el hedonismo de todoacién como respuesta al capitalismo clasista y elitista; la promiscuidad sexual sin barreras de género como manera de combate directo al patriarcado; y la respuesta automática, e incluso violenta, ante cualquier agresión. Enfundada en su ropa de puta, con su boa de plumas y sus tacones imposibles, recoge en un movimiento parabólico toda la basura sexual, estética, clasista y machista del sistema liberal y, como una especie de honda, lo vomita multiplicado por cien a las entrañas del sistema.
Yo, que también me considero, en cierto sentido, radical, me siento un auténtico mojigato encogido ante la frescura sin pudor y sin máscaras de Ziga. Porque, de alguna manera, siento, mientras leo su librito, todos los condicionamientos absurdos, clasistas, machistas, católicos, tradicionalistas y estúpidos que forman parte de mi personalidad y que, aunque me avergüenzo de ellos, ni quiero ni soy capaz de romper, ni de liberarme de ellos.
Es cierto, por otra parte, que algunas de las tesis que expone Itziar Ziga son difíciles de asumir (e incluso inasumibles en absoluto): por ejemplo, hace un alegato en favor de la prostitución (la quintaesencia del machismo) con argumentos, en mi opinión, peregrinos a todas luces. Sin embargo, “Devenir perra” nos ofrece un nuevo ángulo, un nuevo punto de vista fresco y novedoso, un posicionamiento que, como mínimo, no nos dejará fríos.
Una lectura absolutamente recomendable.

miércoles, 17 de junio de 2009

La Ciencia vs. la Conferencia Episcopal

Cuando los astrónomos de la Edad Moderna empezaron a tener datos objetivos y fiables sobre la posición, velocidad y trayectoria de los astros, se sorprendieron de lo aparentemente complicado de sus órbitas, que parecían describir trayectorias helicoidales hipercomplicadas si se tenía en cuenta que todos debían girar alrededor de la Tierra y que, por tratarse de cuerpos de las esferas superiores, sus órbitas debían basarse en el círculo. De este modo, construyeron artificiosos modelos matemáticos en los que La Tierra ocupaba el centro y los demás astros giraban en engranajes a modo de ruedas dentadas que se insertaban unas en otras y que a duras penas lograban explicar las órbitas aparentes.

La solución, como sabemos, la dio Galileo: si abandonamos la premisa de que la Tierra es el centro del Universo resulta que todo cuadra, todo se simplifica y resulta que un engranaje artificioso y complicado da lugar a un modelo sencillo, claro y evidente. Por último, basándose en las notas de Tycho Brahe, Kepler dio la punzada de oro al abandonar los restos de prejuicio platónico y admitir que los planetas no sólo giraban alrededor del Sol, sino que, además, las órbitas que describían no eran circulares (perfectas) sino elípticas.

En muchas ocasiones a lo largo de la Historia, el impulso a la ciencia vino asociado casi siempre al abandono de los prejuicios religiosos (que es un eufemismo de superstición). La importancia de los descubrimientos de Servet, Galileo o Kepler no lo fue tanto por lo sesudo de sus investigaciones como por la audacia de abandonar creencias estúpidas basadas en supersticiones religiosas.

Al hilo de lo anterior, nos complicamos la existencia, en el campo de la política educativa, intentando conciliar los intereses de la religión y del resto de materias en complicados equilibrios inestables cuando la solución lógica, razonable y definitiva es única y evidente: la religión debe salir de la Escuela.

Mientras esto no suceda, no podemos rasgarnos las vestiduras cada vez que alguien se atreva a decir desde la pizarra que un gay es un desviado, que hacer el amor es reprobable o que un óvulo fecundado de dos semanas es un ser humano y quien lo elimina es un asesino.

De aquellos polvos, estos lodos.

sábado, 9 de mayo de 2009

Marx y el retablo de las maravillas

Uno de los mejores cuentos de Cervantes (cuya obra en cuanto a relatos y novela corta tiene tanta calidad como el resto de su producción literaria) es, a mi gusto, El retablo de las maravillas. Su genialidad estriba no tanto en el estilo sino en la capacidad de ironía y de crítica social. Cuando Cervantes lo escribió, la sociedad castellana estaba obsesionada por la pureza de sangre, tanto por cuestiones de prestigio social como por otras más chabacanas (para acceder a cualquier puesto de la administración se debía estar limpio de sangre judía).
En este sentido, El retablo de las maravillas no es tanto una novelita sarcástica como una honda crítica social. El argumento (por si alguien no lo recuerda) es el siguiente:
Unos visitantes llegan a una pequeña población y pregonan que traen con ellos un hermoso retablo, el más hermoso que ojo de cristiano haya visto jamás; un retablo que tiene, además, cualidades maravillosas: sólo lo pueden ver aquellos que posean una sangre limpia de cualquier antepasado judío. Ni que decir tiene que el tal retablo no existía, pero cuando los charlatanes simulaban mostrárselo al público, todas las personas, sin excepción, lanzaban alabanzas y exclamaciones extasiadas ante tanta belleza.
Por supuesto, nadie podía ver absolutamente nada del dichoso retablo, pero todos tenían miedo de que los demás pensaran que se tenía sangre judía y, por tanto, de ser socialmente excluido y repudiado.
La genialidad de Cervantes es tal que de sus obras pueden extraerse conclusiones universales y válidas para cualquier tiempo y lugar:
Del mismo modo que en El retablo de las maravillas, en nuestro sistema cultural, inmerso en una especie de dictadura de lo políticamente correcto, absolutamente todas las personas de orden y de mentalidad abierta y progresista se empeñan en demostrar que el liberalismo (al que eluden llamar por su nombre: capitalismo), con su ficción democrática de visita cada X años a las urnas, es el mejor de los sistemas posibles.
Sin embargo, como ciegos no son, contemplan a diario las evidencias: crisis cíclicas e inevitables (porque forman parte de los mecanismos intrínsecos del sistema liberal) que arrastran consigo a cientos de familias, regiones enormes del planeta condenadas a la hambruna permanente y a epidemias ya olvidadas hace décadas en Occidente (meningitis, tuberculosis, etc.), sistemas de democracia representativa donde partidos con la mitad de votos que otros tienen, sin embargo, triple cantidad de representantes (como es el caso, sin ir más lejos, de Izquierda Unida en España), gobiernos progresistas que defienden la sostenibilidad ecológica mientras subvencionan sin pudor al sector del automóvil, miles de parados haciendo cola mientras los banqueros se llenan los bolsillos con aportaciones del Estado (para no desestabilizar el sistema, por supuesto), etc., etc.
Pese a ello, temerosos de ser acusados de retrógrados marxistas, idealistas utópicos o demagogos sin los pies en la tierra, se niegan a levantar el dedo y, señalando a las entrañas del sistema, digan en voz alta: "el Emperador va desnudo", como en ese otro cuento con moraleja evidente.
Como san Juan, en el Apocalipsis, yo también digo "quien quiera ver, que vea".
Yo soy comunista.

miércoles, 22 de octubre de 2008

La Europa de Bolonia

Lo quieren edulcorar de muchas formas, pero la realidad es que los llamados Planes de Bolonia para la reforma de la Universidad son el tiro de gracia definitivo a un sistema universitario que ha primado, al menos teóricamente, el saber sobre el mercado. Siguiendo a Marx (aquello de que la estructura económica determina la superestructura cultural), el omnipotente sistema liberal se ha hecho, por fin, con el control ideológico, de manera que la Universidad, el Templo del Conocimiento, no podía quedar al margen.
En unos tiempos en los que el mercado se ha quitado la careta (se habla en estos días, abiertamente, de refundar el capitalismo, con el mismísimo Zapatero llorando a las puertas del G.8 pidiendo su participación en esta revitalización mientras jura que jamás permitirá en España una banca nacional) la Universidad era un obstáculo, un gasto inútil si no se ceñía a los dictados del capital (perdonad el abuso de retórica leninista): las nuevas titulaciones se adaptarán, a partir de ahora, a las necesidades del mundo de la Empresa.
Ese es el quid de la cuestión. Lo de menos es ya (que no es tampoco moco de pavo) la creación de unos títulos de grado devaluados, la existencia de másteres posgrado de pago, la implantación de los créditos de financiación de estudios que acabarán por sustituir a las becas (si no, al tiempo) o la participación de las grandes empresas privadas en los consejos rectores de las Universidades públicas. La cuestión es que la Universidad se convertirá en una fábrica en manos de empresarios cuyo único criterio será la rentabilidad.
Adiós al Humanismo.
Gaudeamus igitur (alegremonos pues)...

martes, 5 de agosto de 2008

Cambio de vida

El próximo mes de septiembre cambio de vida. He aprobado las oposiciones al Cuerpo de Profesores de Artes Plásticas y Diseño, en la especialidad de Historia del Arte.
Voy a cambiar la paleta por la tiza, el cemento por las diapositivas, el azulejo por el ordenador. Desde aquí quiero daros las gracias a todos los que habéis aguantado mi estrés y mis nervios y en vez de mandarme a freir espárragos me habéis animado siempre hacia adelante.
Muchísimas gracias a tod@s.

viernes, 25 de julio de 2008

Los años oscuros en Miguel Esteban, por Pablo Torres

Acabo de leer “Los años oscuros en Miguel Esteban”, por Pablo Torres. Se trata de uno de esos libros necesarios para comprender la Historia reciente de los pueblos: la del mío, Miguel Esteban, ha estado silenciada por aquellos que ganaron la Guerra Civil, de manera que sus muertos han sido recordados hasta la saciedad como héroes y mártires mientras que los hombres y las mujeres que lucharon por cambiar su mundo, que soñaron con una Revolución igualitaria y solidaria, han sido no sólo olvidados sino denostados y calumniados hasta el punto que mucha gente de izquierdas, al preguntarles sobre las personas que murieron, dicen aquello tan cruel y tan manido de “algo harían”.

Por tanto, lo primero que hay que resaltar es lo necesario de la publicación de este libro. Ha habido otros trabajos sobre este periodo histórico, pero siempre parciales o escasos, como el libro de Martín Jiménez (sin ningún rigor historiográfico y ceñido a un visión netamente derechista), o el trabajo presentado al Congreso sobre Memoria Histórica en Castilla- La Mancha por José Félix Felipe Ochoa (una pequeña síntesis que por su carácter de ponencia es a la fuerza parco en contenidos). Tengo conocimiento de que en el futuro inmediato se publicarán otras obras por parte de mis camaradas y amigos J. F. Felipe Ochoa y de Vicente Torres Encinas (ésta segunda ya de inminente edición) que sin duda arrojarán más luz sobre este oscuro periodo y animarán el necesario debate historiográfico.

El autor de “Los años oscuros en Miguel Esteban”, Pablo Torres, es un periodista gráfico residente en la Comunidad de Madrid pero de raíces migueletas: no en balde es nieto de Genaro Torres Araque, que fuera alcalde republicano de Miguel Esteban entre 1936 y 1937, hecho que deja claro en el libro por activa y por pasiva. Desde las primeras páginas Torres aclara su toma de partido por el bando perdedor, no sólo por ser el nieto de un señalado republicano que resultaría fusilado al acabar la contienda, sino por la necesidad expresada anteriormente de visibilizar a los perdedores y demostrar que las acusaciones que desde hace más de 70 años se viene haciendo contra ellos son, en gran medida, falsas e insidiosas.

Sin embargo, lo anterior es uno de los puntos flacos del libro: por el hecho de querer limpiar el honor de la causa republicana en Miguel Esteban, Torres construye una historia maniquea donde pareciera que todo aquel simpatizante de las derechas fue un monstruo sediento de sangre y todos los de la izquierda prohombres íntegros y mujeres semidivinas animados por nobles sentimientos democráticos. La Historia no es nunca blanca o negra, sino que está irisada por una amplia gama de matices. Pretender que todo el que entonces fuera de derechas fue malo por naturaleza y que ningún militante de izquierdas protagonizó ninguna injusticia que no estuviera justificada es una exageración tan grande que desluce por su enormidad el resto del trabajo desarrollado en sus páginas. Se echa en falta además en el libro de Torres un análisis económico riguroso del periodo que explique las condiciones laborales, culturales y sociales que explicarían los ulteriores sucesos acaecidos durante el trienio de la Guerra Civil.

Hay algunos aspectos del libro que, no obstante, merecen un análisis crítico en profundidad por no ajustarse a la realidad. Está claro, y es legítimo, el compromiso de Torres (o, al menos, las simpatías) con el PSOE, pero dicha toma de partido lo lleva a tensar de tal manera los datos históricos que construye una interpretación histórica deformada, parcial y tendenciosa, y, por lo tanto, falsa. La aclaración del propio Torres en el prólogo de que se trata de la obra de un periodista y no de un historiador no justifica dichas distorsiones, porque en su papel de periodista conoce bien la necesidad de la no manipulación de los datos, del rigor documental y los resortes que no se deben pulsar en cualquier investigación por motivos de ética.

El ejemplo más claro de dicha distorsión es la repetición hasta la saciedad de que Genaro Torres fue “alcalde socialista de Miguel Esteban”. En realidad, Genaro Torres nunca fue militante socialista, lo fue toda su vida de Izquierda Republicana, partido de carácter de izquierda burguesa no marxista. Pablo Torres tensa tanto los hechos para demostrar la filiación socialista de su abuelo que llega a insinuar que fue uno de los fundadores del PSOE miguelete apoyándose en un vago informe de la Guardia Civil de la posguerra, uno de los informes de los que él mismo rechaza la veracidad por tendenciosos, manipulados y faltos de rigor. Llega a mezclar de tal modo los datos históricos que inventa una coalición “IR-socialistas” inexistente: para las fechas en las que la sitúa sí que existió el Frente Popular, integrado por republicanos, socialistas y comunistas; también existió una coalición electoral republicano-socialista previa a la IIª República que se extinguiría tras el advenimiento de ésta, pero en la que los idearios de IR, UR o del PSOE jamás se mezclaron y en la que también estaban incluidas formaciones republicanas y personalidades de derecha como Alejandro Lerroux o Alcalá Zamora, lo que llevó a oponerse a dicha coalición (por burguesa) a muchos dirigentes del PSOE (como su propio presidente, Julián Besteiro), por entonces muy radicalizado e imbuido del espíritu revolucionario emanado por la Revolución Soviética. Esta parcialidad se debe sin duda a un intento por parte del autor de darle al PSOE un protagonismo hegemónico en la época del que careció a todas luces en Miguel Esteban, aunque también podría achacarse a cierta falta de conocimiento en profundidad de la época: por ejemplo, cita a Remigio Cantos como miembro de la Falange Española Tradicionalista, formación que fue creada como partido único por Franco (al fundir en ella elementos monárquicos, de derecha burguesa, requetés (carlistas) y falangistas de FE-JONS) después de morir el propio Remigio Cantos. Así, cita a los miembros de las Juventudes Socialistas Unificadas (que aunaba en su seno socialistas y comunistas, con preponderancia ideológica de los segundos) como miembros de las Juventudes Socialistas, a secas; no enuncia en ningún momento la composición del Ayuntamiento, muy reveladora (incluía el mismo número de miembros del PCE que del PSOE o de IR, además de miembros de UR, de CNT y de la UGT, sindicato de ideario marxista que aunaba en su seno gentes de todas las tendencias de izquierdas – no sólo socialistas o comunistas- y por entonces dominado por miembros del PCE en Miguel Esteban). El ninguneo de la importancia del PCE en dicho periodo de la historia migueleta junto con la maximización del papel del PSOE chirría tanto como el silenciamiento del ideario revolucionario de muchas de las personas que sufrieron cárcel, exilio represión e, incluso, la muerte. La pretensión de Torres de que todos ellos lucharon, sufrieron y hasta murieron sólo por la democracia es tan irreal como injusta: en aquellos años tuvo lugar una revolución en toda regla, una Revolución democrática (por mayoritaria) que pretendió abolir el orden liberal establecido para implantar un nuevo statu quo basado en la propiedad colectiva y la eliminación de las diferencias de clase. Olvidar este punto esencial significa no sólo manipular la Historia para edulcorarla haciéndola más amable y digerible para ciertos sectores de la población o para los convencionalismos democráticos actuales: es también, sin quererlo, infligir a aquellos luchadores una segunda condena, la del olvido de todo aquello por lo que lucharon y, por lo tanto, la inutilidad de todos sus esfuerzos. Estos hombres y mujeres merecen ser recordados por lo que fueron y por lo que representaron: no tenemos por qué edulcorar sus acciones mostrando sólo aquellas que nos enorgullecen ni esconder los hechos trágicos o luctuosos que algunos protagonizaron, porque fueron hijos de una época y de unas circunstancias muy duras y de crisis de todo tipo que exigieron acciones inmediatas y contundentes. Nuestro deber como militantes de izquierdas es aprender de su ejemplo, emular su esfuerzo, su determinación, sus experiencias y sus ideales, al mismo tiempo que aprender de sus errores para no volver a cometerlos haciendo bueno el manido lema de que el pueblo que olvida su Historia está condenado a repetirla.

En la línea de lo anterior, es menester fijarnos en la visión que Torres plantea sobre la CNT en Miguel Esteban. Según él, la CNT no existía organizada hasta el golpe de Estado del 36, y una vez organizada se convirtió en un nido de ultraderechistas infiltrados, conspiradores contra la República. Así, Juan Flores, cenetista asesinado a sangre fría por Paulino Argumánez, lo habría sido por dichas razones. Sin embargo, hay constancia de la existencia en Miguel Esteban, ya antes del golpe de Estado del 36, de un sindicato de la CNT que agrupaba en su seno a los albañiles, mientras que los campesinos se organizarían dentro de la UGT. Además, según otras versiones, Juan Flores bien pudo haber sido un anarquista convencido y preparado, muy activo, con vínculos en toda la comarca, en especial con una célula libertaria muy activa en Campo de Criptana. Según estas versiones, la muerte de Juan Flores debería inscribirse en la pugna entre marxistas y anarquistas en los inicios de la guerra (donde se producirían luctuosos sucesos como la eliminación de Andreu Nin o la demonización del POUM por parte del PCE). A raíz de la muerte de Juan Flores tanto su familia como muchos de sus antiguos camaradas de la CNT se pasaron a las derechas. Sin embargo, es cierto que muchos derechistas se afiliaron en masa (por razones pragmáticas: como vulgarmente se dice, por salvar el pellejo) a partidos y sindicatos de izquierda; sobre todo, en Miguel Esteban, a la CNT. Torres, en su celo anti-cenetista, llega al extremo de insinuar, sin ninguna base, que el asesinato de un joven miguelete en La Calera podría haber sido perpetrado por un infiltrado derechista en un grupo incontrolado de la CNT de la provincia de Ciudad Real que por aquellos días protagonizó algunos actos vandálicos por la comarca (aunque parece ser que sí existen indicios de que el autor de dicho asesinato perteneciera a dicho grupo).

Sin embargo, la CNT llevó a cabo una actividad que en nada puede considerarse reaccionaria. En concreto, una de las dos colectividades agrarias que funcionaron eficientemente en Miguel Esteban era de CNT. Torres, por cierto, también pasa de puntillas sobre todo lo referente a las colectividades: sólo en un caso se refiere a ellas, y lo hace para insinuar que sólo existe un “documento” que mencione a la Colectividad Leningrado (es inmediato comprobar las fuertes connotaciones comunistas del nombre).

Sin embargo, estas críticas no deben ser tomadas como una descalificación global del libro. Se trata, como ya se ha indicado, de una obra valiente y necesaria, que debe tomarse como un punto de partida para posteriores investigaciones.

Lo mejor del libro es la cantidad de datos que Pablo Torres aporta, y que suponen un fogonazo de luz en la oscuridad oficialista de dicho periodo histórico. La Historia de los pueblos no puede quedar enterrada, debe sacarse a la luz para que nuestros descendientes aprendan de las experiencias pasadas. Y esto es doblemente necesario en un pueblo como Miguel Esteban donde la única versión de la Historia que hemos conocido durante casi tres generaciones ha sido la de la oficialidad franquista.

En resumen, un libro que hay que leer, aunque esperamos que el autor pula en el futuro su estilo historiográfico (la insinuación no puede tener cabida en un trabajo de esta índole) y los errores de interpretación; errores que, por otra parte, suelen ser frecuentes en cualquier investigación histórica por diversas causas, en especial cuando, como es el caso, muchos documentos fueron destruidos porque suponían un peligro de muerte para muchos de los que aparecían en ellos (listas de afiliados, miembros de sociedades obreras, etc.).

martes, 1 de abril de 2008

Mierda de Artista, de Piero Manzoni

En agosto de 1961 Piero Manzoni presentó una obra que revolucionaría el mundo del arte. Se trataba de unas cajitas llenas con 30 gramos de su propia mierda, por las cuales pedía como precio de venta el de la cotización diaria del oro.
La mayoría de la gente se lo tomó como una auténtica payasada, o a lo sumo como una broma al estilo de Dadá, pero la acción de Manzoni encerraba unas serias reflexiones sobre el arte.
En primer lugar, Manzoni criticaba con fina ironía el mercado artístico y el sistema capitalista, en el que la obra de arte se había convertido en una mercancía más. Ya no se trataba de estímulos culturales, ni de apertura de horizontes intelectuales: el artista se había convertido en una máquina de dar dinero.
Y, en segundo lugar, hacía una metarreflexión sobre la producción artística. El artista era un verdadero demiurgo que transmutaba cualquier cosa en objeto artístico. Con mierda de artista llevaba hasta el final el principio duchampiano del ready-made, merced al cual lo que confiere a cualquier objeto la categoría de obra de arte es la intencionalidad del artista que lo dota de un nuevo contexto. A partir de ahora, la auténtica esencia del arte no serían los objetos artísticos, sino la acción artística, el concepto.
Manzoni murió en el 63, en lo más activo de su vida. Con él se perdió el último azote del capitalismo artístico. Bienvenidos a la era de la Pasarela Cibeles y del Chanel para todos. ¡Manda carallo! ¡Y que luego digan que la mierda era aquello..!

domingo, 17 de febrero de 2008

En un mundo libre...

El bendito Ken Loach, director de cine comprometido como ninguno, ha estrenado recientemente una nueva película: "En un mundo libre...", donde se centra de nuevo en la problemática de la inmigración ilegal en Occidente.
El tema viene que ni pintado en estos días de (pre)campaña electoral. Toda persona con más corazón que estómago sintió náuseas al escuchar a Arias Cañete hablar de lo mal que está el servicio, o el aplaudido por la ultraderecha europea contrato para los inmigrantes propuesto por el PP, donde los trabajadores extranjeros tendrían que pasar por la humillación de firmar un documento a su entrada al país donde se comprometieran a respetar las leyes y las costumbres españolas(?).
Dicho contrato propuesto por Espe, Rajoy y cia. nos lleva a hacer unas reflexiones inmediatas: en primer lugar, está claro que cualquier persona en cualquier país, extranjera o no, está obligada a respetar las leyes, luego, ¿a qué viene eso de firmar que se va a cumplir algo a lo que ya estás obligado? Y en segundo lugar, ¿quién es el guapo que dice qué costumbres son las que hay que respetar? ¿Obligaremos a los kenyatas a bailar sevillanas? ¿Tendrán que salir los canadienses de los bares con un palillo de dientes en la comisura de los labios y rascándose la entrepierna? ¿Me recibirá mi amigo Mohamed en su casa bailándome un aurrezku en vez de con un té con menta? Y, por otra parte, ¿a qué extranjeros? Porque la ley española dice claramente que los ciudadanos de la UE tienen iguales deberes y derechos en todos los países de la Unión. ¿Habrá una escala de ciudadanos de primera, de segunda y de tercera?
Está claro que el PP no ha hecho ninguna de esas reflexiones y que lo único que pretenden es fidelizar a una parte de su electorado que comulga con la extrema derecha. Pero lo que resulta decepcionante es la reacción del PSOE: pese a que criticó (¿cómo no?) el contrato de marras, la primera reacción de Rubalcaba fue decir que ellos "habían expulsado del país durante 2007 a más ilegales que nunca", haciendo un guiño a los sectores más intransigentes. Y, no contentos con eso, en la escalada electoral por copar los votos de la xenofobia, propusieron que los extranjeros que residieran en España y tuvieran carné de conducir fueran obligados a realizar una prueba para convalidar dicho permiso. Estamos en las mismas: los ciudadanos de la UE, rumanos y búlgaros incluidos, tienen su documentación homologada a la española automáticamente. Y los extracomunitarios tienen tratados de reciprocidad que homologa títulos y documentos según tratados bilaterales (es decir, que, por ejemplo, Ecuador reconoce la validez del permiso de conducir español en territorio ecuatoriano y España hace lo propio con los ecuatorianos en territorio hispano). ¿Qué va a hacer el PSOE entonces? ¿Derogar la legislación comunitaria y no aceptar el carné de los rumanos como válido? ¿Derogarán el tratado bilateral con Colombia o Argentina y los residentes españoles allí tendrán que hacer una prueba de homologación de sus carnés?
La xenofobia tiene muchas caras. Y la que va unida a la hipocresía y la demagogia es la más amable, pero no por ello la más inocua.

sábado, 16 de febrero de 2008

La balsa de La Medusa

Hace unas semanas escribí este pequeño artículo para la revista local "Punto de Encuentro". Como veréis, el tono es bastante (¡¡¡mucho!!!) moderado, porque el público al que va dirigido no es precisamente la flor y nata de la progresía (Miguel Esteban, para quienes no lo sepáis, es un feudo tradicional de la derecha más recalcitrante). Pero me pareció interesante hurgar un poco en el tema de la inmigración, tan traída y llevada.

La balsa de La Medusa

De entre las muchas obras cumbre del arte que se pueden admirar en el parisino Museo del Louvre destaca una de 1819 del pintor romántico Théodore Géricault titulada La balsa de La Medusa.

Esta enorme pintura, tanto por sus dimensiones (mide siete por cinco metros) como por su calidad pictórica, está basada en una truculenta historia que agitó la conciencia de la sociedad francesa de la época.

En 1816, tras la derrota de Napoleón y la restauración de los Borbones en el trono francés, una fragata, La Medusa, naufragó a unos 150 kilómetros de la costa del Senegal (en aquella época territorio galo). Como el total de los 400 navegantes no cabía en los botes salvavidas, el capitán decidió que éstos fueran ocupados según el rango de la tripulación, dando preferencia a oficiales y aristócratas. El resto, unas 150 personas entre marineros, sirvientes y soldados rasos, fue trasladado a una balsa construida con madera de la fragata que sería remolcada por los botes. Sin embargo, al poco tiempo, los aristócratas comprobaron que remolcar la balsa les entorpecía la marcha, así que decidieron cortar las amarras y abandonar la balsa a su suerte.

Los botes alcanzaron la costa sin dificultades, pero la balsa de La Medusa quedó a la deriva; sin víveres, sin remos, sin agua potable, pronto el hambre, la sed, la insolación y la enfermedad se enseñorearon de tan precaria embarcación durante 52 días, al cabo de los cuales sólo 15 tripulantes fueron rescatados con vida, de los que 5 murieron al poco tiempo. Los diez supervivientes difundieron por toda Francia los terribles hechos, relatando tanto el infame acto de los aristócratas de La Medusa como la serie de calamidades que ocurrieron a bordo de la balsa, donde se llegó al asesinato, la enajenación mental, el suicidio e incluso al canibalismo.

El conocimiento de tales noticias causó gran ira y revuelo en la población francesa, que vio en aquellos hechos la personalización de lo repugnante de quienes desprecian hasta el extremo la vida de aquellos a quienes consideran inferiores. El cuadro de Géricault provocó tal vergüenza entre la nobleza que un grupo de ellos intentó comprar el lienzo para destruirlo, aunque la famosa obra se salvó, paradójicamente, al ser adquirida por el propio rey para la colección real.

Aún hoy, casi 200 años después de aquellos hechos, nos sentimos conmovidos por esa historia. Sin embargo, por ironías del destino, en los últimos años no una sino cientos de balsas de La Medusa se dirigen desde el Senegal a las costas españolas cargadas de seres humanos desesperados, desfallecidos, en condiciones infrahumanas, muchos de ellos encontrando la más indigna de las muertes. Sin embargo, muy al contrario que los franceses de hace dos siglos, escuchamos cada día en el Telediario esas noticias sin inmutarnos, sin conmovernos, como si no se tratara de seres humanos.

Puede que no nos queramos parar a reflexionar que nosotros, los españoles del siglo XXI, quizás somos como aquellos aristócratas que, para salvar sus vidas, arrojaron a la muerte a decenas de personas que suponían un lastre para su marcha. De la misma manera, nosotros nos negamos a acoger a las personas que arriban a nuestras costas porque pensamos que supondrán un lastre para nuestra economía. No hace falta más que escuchar cualquier conversación en el bar, en la consulta del dentista o en el despacho del pan: la gente no piensa en estos seres desesperados como en seres humanos con tanta dignidad como nosotros mismos, sino que se queja de que ocuparán puestos de trabajo, acudirán al médico o supondrán un gasto para los servicios sociales. Ni siquiera nos paramos a pensar que quizás dichos emigrantes en realidad no nos vienen a robar nada, que vienen a ocupar los peores puestos de trabajo, que contribuyen al sostenimiento del sistema de pensiones o que dinamizarán nuestra economía gracias a su consumo, alquileres, compra de bienes, etc.

Lo que queremos es que nuestra riqueza, nuestro nivel de vida, no baje ni siquiera una milésima por culpa de estos negros y moros a quienes consideramos inferiores. Como los aristócratas de La Medusa, preferimos cortar las amarras de la balsa que tememos que lastre nuestro futuro. Y con este acto, abandonamos a miles de seres humanos a la desesperación y la muerte.