lunes, 24 de mayo de 2010

Contra la crisis, recorte de sotanas

Como la prensa oficialista no nos da cancha, algun@s roj@s recalcitrantes hemos puesto en marcha una campaña boca a boca de envío de correos electrónicos exigiendo a Zapa el fin de los privilegios económicos de la Iglesia Católica.
Os animo a que reenviéis el mensajito, que os transcribo a continuación:

Estimad@ amig@:

Somos much@s quienes pensamos que es cierto que debemos hacer un esfuerzo común para reducir el gasto público.
Sin embargo, también somos much@s quienes creemos que el esfuerzo no debe recaer sobre la espalda de los trabajadores.
Por ello, además de exigir al Gobierno que tenga el coraje de acometer una reforma fiscal progresiva (donde se pague más cuanto más dinero se gane), le urgimos a que, de manera inmediata, ponga fin a los privilegios económicos de la Iglesia Católica.
Exigimos al Gobierno del PSOE:
- Que se acabe la asignación directa a la Iglesia católica vía IRPF.
- Que se acabe la exención de impuestos de algunas actividades económicas de la Iglesia Católica.
- Que cesen las subvenciones para la llamada "obra social de la Iglesia" y que sea el Estado quien financie los programas de cooperación y desarrollo a través de, al menos, el prometido y nunca aplicado 0,7%.
- Que se deje de pagar el sueldo de miles de maestr@s de religión en las escuelas públicas.
- Que se eliminen los cientos de capellanes de hospitales públicos y centros militares.
- Que se dejen de financiar las cientos de restauraciones y rehabilitaciones de propiedades de la Iglesia a menos que ésta las ceda en propiedad al Estado.

Con todo ello pretendemos NO SÓLO apuntalar la democracia (haciendo efectiva la separación entre Iglesia y Estado), sino también, engordar las arcas públicas, ya que la Iglesia Católica consume una cantidad de dinero tal que si se elimina su financiación no sería necesario hacer ningún recorte social.

Atentamente,
tu amig@.

P.D.: Como, por desgracia, en nuestra democracia es imposible dar publicidad a cualquier iniciativa al margen de los partidos mayoritarios, te animo a que difundas este correo entre tus amistades, enviándolo como copia oculta, para preservar el derecho a la intimidad de las personas.

jueves, 20 de mayo de 2010

¡Y me llamaban rojo trasnochado!

Leo por ahí, con cierta sorpresa, que incluso el sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda (que no tiene nada de izquierdoso) ha criticado las medidas del Gobierno Zapatero por insolidarias e inefectivas, y plantea alternativas más viables y solidarias.
Aquí tenéis el enlace.
Lo sorprendente no es el hecho de que los profesionales de las finanzas públicas critiquen el derechazo de Zapatero, sino la hipocresía con la que mucha gente se da golpes de pecho.
Estas mismas medidas (más la eliminación de los privilegios económicos a la Iglesia Católica), las mismas que muchas personas de izquierda se desgañitan en bares y corrillos preguntándose por qué no se han tomado ya las venía solicitando desde hace años la izquierda transformadora.
La diferencia es que a nosotros nos llamaban rojos trasnochados.

sábado, 15 de mayo de 2010

Los intocables

Lo más sangrante del tijeretazo social del gobierno del PSOE no es que se haya cebado en los trabajadores (los funcionarios son éso, tanto los médicos o los maestros como los barrenderos o los bomberos) y en los pensionistas (algo increíble que nadie, ni el PP, se hubiese atrevido a tocar), sino la gran hipocresía (y hasta ridículo) que ha rodeado a la medida.
Ya no se trata tanto del papelón de un Gobierno que se achanta ante la llamada de papá Obama como de la hipocresía con que se habla de medidas inevitables.
Porque si es inevitable recortar gastos, tiene campo de sobra:
Métale la tijera a la Iglesia, señor Rodríguez (Zapatero). Entre asignación al clero vía IRPF, pago de los miles de sueldos de maestros de religión, financiación de las obras de mantenimiento y restauración de edificios y obras protegidas con fondos públicos (pero propiedad del clero) y subvenciones varias de diputaciones, autonomías, ayuntamientos, etc., la Santa Madre Iglesia se lleva un buen pegote del Presupuesto. Mucho más, por cierto, que el ahorro que supone todo el conjunto de medidas propuestas.
Por no hablar de los gastos de la Casa Real, de las tropas de apoyo a los Estados Unidos en Afganistán, etc. O, sobre todo, de los miles de millones de euros de subvención a las empresas en forma de contratos en prácticas, descuento por contrato de mujeres, parados de larga duración, etc. Y ni que hablar de la inyección de liquidez (léase miles de millones gratis a la banca para salvarla de la crisis que ella misma ayudó a provocar).
Pero, claro, éstos son intocables.
Así se veían de felices los representantes de los empresarios tras la entrevista con el Presi.
Y, para más Inri, la buena de la supervice de la Vega nos suelta que "el Gobierno siempre estará al lado de los trabajadores".
Joer, también los trabajadores tenemos intocables.
Y ya nos los están tocando.

domingo, 25 de abril de 2010

Dejad que los niños se acerquen a mí (Mc 10,14)

En un arrebato místico estoy reflexionando últimamente sobre la verdad rebelada (que no revelada). Y, para solaz de mi alma, he descubierto en las Sagradas Escrituras inefables verdades.
Lean, lean ese edificante versículo, y recuerden con ternura las palabras de amor a la infancia del bendito Santo Padre.

viernes, 9 de abril de 2010

Las Diputaciones Provinciales y la corrupción de baja intensidad

 Desde unos años a esta parte venimos asistiendo a un deterioro generalizado de la confianza de la ciudadanía en sus representantes democráticamente elegidos.
Esta desconfianza tiene su raíz en la opinión popular de que una vez que un partido político llega a gobernar las instituciones tras haber sido elegido en las urnas, pareciera que inmediatamente surgen en su seno cierto número de políticos profesionales que no dudan en prevaricar, adjudicar contratos y obras a dedo, embolsarse comisiones ilegales o beneficiar de manera palmaria a grandes y medianas empresas.
Este divorcio entre el pueblo y sus representantes se constata no sólo en dicha desconfianza en los políticos, sino incluso en la actitud de dichos representantes del pueblo, cuando a sí mismos se tildan de clase política, reconociendo así que ya no son meros portavoces que el pueblo puede sustituir mediante el ejercicio de su derecho soberano, sino que ya son una casta intocable que ha hecho de la política una profesión, muy lucrativa en muchas ocasiones. 
En los últimos años, además, se ha venido destapando una serie de escándalos de corrupción económica sin parangón desde los años del desarrollismo franquista o la era felipista. La especulación urbanística y la corrupción del ladrillo, el caso Gurtel, los trajes de Camps, los tejemanejes de algunos alcaldes socialistas en Cataluña, la red de intereses de Unió Mallorquina, etc., sólo son la punta del iceberg de la corrupción a gran escala que parece afectar a la mayoría de los partidos políticos con responsabilidades de Gobierno, con honrosas excepciones: por ejemplo, es esclarecedor el caso de Manuel Fuentes, alcalde comunista de Izquierda Unida en Seseña, en peligro de ir a la cárcel precisamente por enfrentarse con dignidad y valentía a la corrupción especulativa.
Sin embargo, lo que más desanima a la ciudadanía no es esta corrupción de grandes cifras, la corrupción de los ladrones de guante blanco y de los grandes sinvergüenzas, cobijados a veces en los partidos políticos que gobiernan nuestras instituciones. Existen también otras prácticas menos visualizables pero igual de reprobables, una especie de corrupción de baja intensidad que se ejerce a diario en las instituciones locales y provinciales. En este caso, se trata de prácticas planificadas, generalizadas y consentidas, que, aún siendo legales, son tan inmorales y desalentadoras para el pueblo de a pie como la corrupción de las grandes cifras.
Es la corrupción de los contratos a dedo en los ayuntamientos, del enchufismo descarado, del partidismo en las contrataciones, de la adjudicación de cientos de puestos de trabajo sin ningún tipo de oposición ni mérito alguno, excepto el de tener un carné del partido político que gobierna.
El caso, por poner un ejemplo, de las Diputaciones, es el colmo de la desvergüenza: desde directivos de mancomunidades y fundaciones a personal laboral de todo tipo y función, los partidos que gobiernan en las Diputaciones adjudican a dedo cientos y cientos de puestos de trabajo a afiliados de su partido o de sus asociaciones juveniles, a alcaldes y concejales en activo o que lo fueron en otras legislaturas, etc.
Es cierto que esto se hace con cobertura legal, disfrazados de puestos de asesores, de cargos de confianza o cualquier otra triquiñuela cobijada por las leyes que los propios partidos mayoritarios han elaborado en su propio beneficio. Sin embargo, es una práctica que repugna a la ciudadanía y que es, a todas luces, moralmente reprobable. Sobre todo cuando ninguno de los partidos mayoritarios, PP y PSOE mueven un solo dedo para cambiar esta situación, porque saben que tarde o temprano les tocará turnarse y pueden repartirse amigablemente suculentas porciones de pastel.
Y son los propios implicados los que bromean con lo de “todos son iguales, aquí todo el mundo va a trincar”, etc., etc., de manera que arrojando basura en todas direcciones se disimule el hedor propio.
Por eso tenemos el deber moral de denunciar públicamente estas prácticas, y de promover desde las instituciones donde la izquierda transformadora esté representada la reforma del sistema de adjudicación de puestos de trabajo de las diputaciones, ayuntamientos o cualquier otra institución. Sólo así demostraremos que no somos otro partido más, poniendo en práctica todos aquellos acuerdos tomados en las Asambleas que quedan muchas veces, por inacción, en papel mojado. Porque no todos los partidos son iguales y porque la Democracia, pese a unos cuantos indeseables, aún es posible.

domingo, 28 de febrero de 2010

Pepiño y la Crisis

Se desgañitaba el otro día Pepiño Blanco acusando al PP de haber provocado la crisis económica, por haber creado su caldo de cultivo, por haber fomentado la especulación, por haber sido el puntal del desmantelamiento de lo público y haber basado el crecimiento en el ladrillo.

Y le faltó añadir: y, nosotros, después de dos legislaturas de Gobierno PSOE, no hicimos nada para enmendarlo, sino que seguimos aplicando de manera contumaz las recetas neoliberales del PP.

Joder con el gallego.

viernes, 5 de febrero de 2010

Mienten: el sistema de pensiones nunca ha estado en peligro

Todo el revuelo que el Gobierno ha montado alrededor del aumento de la edad de jubilación y otros recortes de calado en política social (como el hecho de que se quiera ampliar el periodo de cotización para cobrar una pensión mínima) se basa en una gran mentira: que el sistema público de pensiones está en peligro. Sin embargo, este presupuesto es totalmente falso e injurioso.
En efecto, con la actual financiación de las pensiones, sufragadas con las cuotas de los trabajadores y trabajadoras a la Seguridad Social, la fortaleza del sistema depende de la cantidad de cotizantes y de la cuota que se pague, de manera que a la vez que aumenta el número de personas jubiladas, disminuye la cantidad de dinero disponible para cada una de ellas.
Sin embargo, el sistema público de pensiones nunca ha estado en peligro. El problema radica en que el pago de las pensiones se vincula a las cuotas de las personas en activo, quienes trabajamos. Es como si el sistema de salud, la Sanidad, se pagara con lo que se recaudara, por ejemplo, del impuesto sobre el tabaco: si el consumo de cigarrillos descendiera, también habría quien diría que el sistema de salud está en peligro. O como si la enseñanza pública se financiara a través del impuesto sobre la gasolina: si bajara el consumo, ¿ya no se mantendrían las escuelas, se dejaría de pagar a los maestros o a las profesoras de instituto?
La solución es bien sencilla: déjense de trampas financieras y sufráguense las pensiones a cargo de los Presupuestos Generales del Estado o de cada Comunidad Autónoma, como el resto de servicios públicos (la sanidad, la educación, la red de carreteras, etc.).
Y, ahora, viene la pregunta lógica: ¿por qué no se hace?
Y a mí (¡pobre paranoico!), sólo se me ocurre una razón: si las pensiones estuviesen aseguradas, ni el gobierno de turno ni los empresarios podrían utilizar la supuesta insostenibilidad del sistema para exigir más recortes sociales.
Porque el capital lo tiene claro: para poder disfrutar de la jubilación, nos tenemos que jubilar más tarde con pensiones más pequeñas (y, de paso, promocionan como inevitable ayuda los fondos de pensiones privados que gestionan sus bancos y con cuyos capitales se han realizado gran parte de los movimientos especulativos que nos han llevado a la crisis económica).
Del mismo modo que tienen claro que para solucionar el paro hay que facilitar a la empresa el despido de los trabajadores, para poder tener un trabajo decente, se deben recortar los salarios de las personas que trabajan y limitar los aumentos de sueldo, y para poder disfrutar de la ventajas del estado del bienestar debemos reducir el estado del bienestar.
Exactamente lo que diría Marx (me refiero a Groucho, por supuesto).

martes, 12 de enero de 2010

El consenso en la educación

Hace unos días el gobierno estatal ha anunciado a bombo y platillo que los partidos dinásticos (PSOE y PP) han llegado a un consenso en lo referente a la Educación.
La noticia, en una primera aproximación, debería alegrarnos: es vox populi que la escuela pública ha venido a menos en las dos últimas décadas y que tiene problemas estructurales agravados por el continuo vaivén de leyes y contraleyes promulgadas por el gobierno de turno, lo que aconsejaría un pacto de Estado en lo referente a la Educación en España.
Sin embargo, si analizamos dicho consenso alcanzado, más bien se nos deberían poner los pelos como escarpias.
Uno de los peores males que aqueja a la Escuela Pública, como bien analizaba Carlos Fernández Liria en un reciente artículo de Público, es la existencia de un sistema doble que financia y prima la educación privada (en forma de colegios concertados) en detrimento de la pública, que va acogiendo a los sectores sociales más desfavorecidos y con mayores necesidades de todo tipo. Como bien se dice en dicho artículo de Público, la supuesta igualdad de admisión de alumnado en los colegios privados es una falacia, ya que dichos centros se saltan dicha formalidad con diversas artimañas, como la de cobrar sobretasas astronómicas para una familia humilde por conceptos como material escolar, excursiones obligatorias, etc. Lo lógico (desde la izquierda) sería dejar de financiar a los colegios privados y utilizar dichos recursos para mejorar la educación pública, pero la miopía pacata y pequeñoburguesa de ciertos sectores del PSOE han perpetuado este estado de cosas de manera que ni se plantea esto como posibilidad.
Entonces, ¿de qué consenso hablamos? Porque el modelo educativo del PP (como se puede comprobar en la Comunidad de Madrid) está clarísimo: una educación competitiva, destinada a cubrir las necesidades del mundo empresarial y con segregación del alumnado según sus ingresos económicos (lease colegios concertados), por supuesto con la religión como asignatura (con lo que esto implica: contratación a dedo de profesorado por parte de la Conferencia Episcopal, ideologización, etc.). Si lo que se pretende es un sistema educativo donde se vaya cribando a nuestros hijos e hijas para cubrir la demanda del mercado y donde las decentes familias de clase media se sientan a salvo de la contaminación social de pobres, inmigrantes y todo tipo de sectores considerados por ellos como indeseables, mejor dejarse de milongas de consensos para quedar bien en la foto y atreverse de una vez a llevar a cabo reformas en profundidad.
Que para este viaje no hacían falta alforjas.

martes, 8 de diciembre de 2009

Excomunión

Algo pasa en este país cuando nos escandalizamos por hechos evidentes.
Cuando hace unas semanas el mandamás de la Conferencia Episcopal dijo en público que todas aquellas personas que habían apoyado la Ley del aborto estaban en pecado, la caterva progre se echó las manos a la cabeza, capitaneada por el ciudadano de orden José Bono.
Pero, ¿qué esperaban? ¿Que un obispo saliese diciendo “pelillos a la mar”?¿Que se fuera de manifestación bajo la bandera arcoiris defendiendo el derecho de cualquier persona a disfrutar libremente de su sexo? ¿Que pidiera públicamente que se repartieran condones gratis y se declararan bien de utilidad social?
Los obispos españoles tienen una virtud de la que carece la mitad de la población que se dice progresista: son consecuentes. La religión católica considera el aborto un asesinato, del mismo modo que considera que practicar el sexo por placer es pecado y que soportar el dolor no sólo es bueno sino que también es deseable (cuanto más sufras, más te ganarás el cielo, un planteamiento que haría las delicias del bueno del Marqués de Sade).
Quienes no son consecuentes son todas aquellas personas que se dicen católicas y, al mismo tiempo, no aceptan su Credo. Una de dos: o se es católico con todas sus consecuencias o no se es, no hay término medio. Una persona podrá considerarse más o menos creyente, más o menos cristiana; pero si se define como católica es que acepta sus preceptos y sus dogmas. Es como si alguien se declara vegetariano y se escandaliza porque le dicen que no puede comer carne.
Sabiendo las reglas no valen las quejas. O, como dicen en mi pueblo, no se puede estar en el caldo y en las tajás.

martes, 17 de noviembre de 2009

Dignidad

Hace años trabajé en la estación de Cercanías de RENFE de Laguna, en Madrid, colocando el suelo de terrazo del pasillo que unía esta estación con la del Metro. Como había prisas, trabajábamos un día en la mitad del pasillo pegado a una de las paredes y al día siguiente en el otro, porque no se podía cerrar al público.
Mientras trabajábamos, sudando como gorrinos en pleno julio, la gente pasaba y nos miraba como si fueramos una atracción de feria. Y a la hora del bocata, allí estábamos, con la gente mirándonos como cuando vemos a los pandas en el zoo comiendo bambú.
Sin embargo, me sucedió una de las cosas más hermosas que me ha pasado en mi vida: justo en uno de esos momentos en que nos comíamos el bocadillo, con esa marea de gente pasando, mirando y fluyendo, un hombre mayor se nos encaró y nos dijo: "¡que aproveche!".
Este gesto (cotidiano, pequeño, nimio) representó para mí toda una revelación. Nos convirtió en personas, en seres con dignidad. Para él no eramos simples máquinas biológicas, eramos seres humanos que merecíamos respeto, éramos trabajadores dignos.
Ese "¡que aproveche!" constituyó para mí el despertar a la conciencia de clase. Infinitamente más que caulquier lectura de Lenin, Kropotkin, o Marx.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Viva Seseña

Entre tanto ruido mediático de corruptelas varias, resulta que al único alcalde (y corporación municipal) del país que ha tenido el arrojo y el coraje de enfrentarse a un coloso del ladrillo le han premiado con una condena por injurias.
Me refiero a Manuel Fuentes y al resto de la corporación municipal de Seseña, condenados por injurias al Pocero.
Igualito igualito que lo que vemos a diario en la lelovisión.
¿Alguien dijo Democracia?

domingo, 1 de noviembre de 2009

Sexo cuando me apetece. Embarazo cuando lo decido.

Alguien dijo aquello de tristes tiempos cuando debemos alzar la voz para defender lo evidente. Sin embargo, entre tanto revuelo de sotanas, se hace necesario recordar al integrismo nacional-católico ciertas verdades:
  • Al contrario de como nos lo presentan los parabolanos del siglo XXI, abortar es siempre un trauma para la mujer que lo sufre: ninguna mujer abortaría por gusto o por placer, del mismo modo que nadie se sometería con placer a la amputación de un pie.
  •  El aborto se evitaría con una buena educación sexual en las escuelas donde se explicara, sobre todo a las chicas, los beneficios del uso de métodos anticonceptivos sin ningún subterfugio moral.
  • Resulta ridículo que hablen de la defensa de la familia aquellos y aquellas que han decidido aislarse del mundo mediante el celibato y han renunciado, de hecho, a formar una familia.
  • Hay muchos tipos de familia (y no me refiero a las monoparentales o a aquellas donde dos personas que se aman -hombres o mujeres ambos-educan con dignidad a sus hijos e hijas): también existen aquellas que desean planificar el número de hijos que quieren tener, no sólo existe el modelo Opus Dei del quesealoqueDiosquiera.
  • De la misma manera que una almendra no es un almendro, ni un huevo fecundado es una gallina, un feto no es una persona. Tampoco lo es un espermatozoide, ni un óvulo. Es antediluviano afirmar como se afirma que un óvulo fecundado de, por ejemplo, cuatro semanas es un ser humano: cuando los grupos integristas católicos nos muestran fetos de ocho meses en sus planfletos incendiarios diciendo que es eso lo que el médico extirpa del útero de la mujer que sufre un aborto no hacen más que ofender la inteligencia de quienes los leen. Otra cosa es el sentido común: a pocas (poquísimas) mujeres se les ocurriría abortar con un feto de, por ejemplo, seis meses en sus entrañas (por eso, precisamente, es lógica una Ley de Plazos).
Detrás de todas las argumentaciones de los llamados "antiabortistas" se esconden causas mucho más profundas que las que nos quieren demostrar: se trata, en definitiva, de la imposición de un modelo ideológico que incluye una idea del pecado donde el placer es negativo, una santificación del sufrimiento y una estructura social patrialcal que se basa en el sometimiento de la mujer al hombre. Porque lo que no quieren admitir es que los métodos anticonceptivos, el aborto entre ellos, han sido la herramienta fundamental de la emancipación (aún parcial hoy día) de la mujer, porque en la práctica es siempre la mujer quien se hace cargo de los hijos a cambio de sacrificar su vida social, laboral, profesional o intelectual.
Una mujer que planifica sus embarazos es una mujer más libre y un peligro para las concepciones primarias de los integrismos religiosos. Por eso tanto hincapié de las distintas religiones que glorifican el martirio y el sufrimiento (como la católica o el Islam) en intentar prohibir el aborto, el divorcio o cualquier otra cosa que socave la base del sistema por ellos establecido.
Y, por último, recordar una cosa a estos nuevos parabolanos: el sexo no sólo no es vicio o algo pecaminoso sino que es bueno y sano. Pero no sólo eso: el sexo es deseable y recomendable. Hace unas semanas escuché por la radio a un pobre hombre diciendo que el sexo era malo porque hay pederastas o violadores, argumentando que es a eso a lo que conduce el vicio: lo que decía este hombre es el equivalente a decir que comer es malo porque existen bulímicos o porque hay gente que le gusta tragar trocitos de vidrio.
Precisamente si nos dejáramos de milongas decomonónicas y se retozara más acabaríamos con tanta actitud hipócrita de aquellos que por la mañana despotrican contra la inmoralidad mientras por la noche acuden al prostíbulo o de aquellos que le dicen al oído a su discípulo: "de esto no se tiene que enterar tu padre".
Que ya huele.

martes, 13 de octubre de 2009

No, no todos son iguales

Desde mucho antes del celebrado referéndum que aprobó la Constitución de 1978 la derecha sociológica ha venido minando la opinión pública con aquello de “todos son iguales”. Poco a poco el mensaje ha ido calando hasta tal punto que se ha conseguido el objetivo perseguido: una pseudodemocracia canovista con dos partidos dinásticos que se reparten el poder y que cada cuatro u ocho años se turnan de manera pacífica para lavar las vergüenzas del régimen y, de una manera gatopardiana, cambiarlo todo para que todo siga igual.
De este modo, la corrupción generada en el seno de partidos políticos y administraciones públicas se va minimizando con dicho “todos son iguales”, se mete en el mismo saco a todos “los políticos” (que han pasado a ser profesionales) y se asume dicha podredumbre como un mal menor de la democracia. Cada partido del Turno agita como un espantajo las miserias del otro (ya sean Gurtel, Filesa, GAL o vayustéasaber) con fines electoralistas y se olvidan para siempre bajo la alfombra del parlamentarismo hasta volver a sacarlos a colación en la siguiente cita electoral.
Por eso sorprende cuando alguien, desde dentro de los poderes públicos, se atreve a sublevarse contra este orden de cosas, cuando algún parlamentario, concejal o alcalde pega el puñetazo en la mesa y se atreve a enfrentarse a la corrupción de manera frontal. Y lo que ocurre en estos contados casos también es, a su modo, sorprendente: que los partidos del Turno y los engranajes del sistema hacen causa común, minimizando, zancadilleando, ocultando y dinamitando la labor de estos últimos mohicanos de la democracia.
Esto es lo que ha ocurrido, por ejemplo, con el alcalde (comunista) de Puerto Real, al denunciar las irregularidades del mismísimo Rey de España, o de Manuel Fuentes, el alcalde (comunista) de Seseña, enfrentado a la especulación urbanística de el Pocero (la quintaesencia de la España quevediana). Fuentes, con la única ayuda de la ética y con la oposición (por acción u omisión) de medios de comunicación y poderes públicos, se arriesga incluso a la cárcel precisamente por su valentía al denunciar el ladrillazo, y el próximo 14 de octubre, en Toledo, comparecerá como acusado en un juicio por calumnias contra el Pocero.
No, no todos son iguales.
Éstos no tienen amigos influyentes en los partidos del Turno, como, digamos, Bono o Zaplana.
Y son comunistas. Comunistas.

lunes, 5 de octubre de 2009

Devenir perra, de Itziar Ziga

Hace unos días llegó a mis manos un libro atípico. Se trataba de “Devenir perra”, de Itziar Ziga, un alegato feminista, pero con un enfoque totalmente distinto a todo lo que en nuestra sociedad impoluta y políticamente correcta se considera aceptado.
Itziar Ziga no oculta su intencionalidad tendenciosa en ningún momento, sino que se ratifica en ella y nos advierte antes de que nos enfrentemos a la lectura de su ensayo: “soy radical. Radical se dice de quien busca la raíz de las cosas. Así que no ser radical es ser, como poco, superficial y, en realidad, estúpida. A pesar de lo que digan los telediarios”. Y remata en su introducción: “Soy una zorra vasca feminista radical malhablada panfletaria. Antes de que lo escupa nadie, ya lo he dicho yo.”
Ziga forma parte de uno de los subproductos de la era posfeminista, de los grupos de mujeres urbanitas, desclasadas y sin tabúes que ella misma denomina “las perras”, mujeres que explotan hasta el esperpento la hiperfeminidad, el pantojismo, como una especie de bofetada al mundo clasista y patriarcal.
Itziar Ziga, a través de su vivencia personal, nos introduce en el mundo de las perras al tiempo que no deja títere con cabeza, sin ningún tipo de compasión ni hacia sus correligionarias feministas. Reivindica, entre otras muchas cosas, el hedonismo de todoacién como respuesta al capitalismo clasista y elitista; la promiscuidad sexual sin barreras de género como manera de combate directo al patriarcado; y la respuesta automática, e incluso violenta, ante cualquier agresión. Enfundada en su ropa de puta, con su boa de plumas y sus tacones imposibles, recoge en un movimiento parabólico toda la basura sexual, estética, clasista y machista del sistema liberal y, como una especie de honda, lo vomita multiplicado por cien a las entrañas del sistema.
Yo, que también me considero, en cierto sentido, radical, me siento un auténtico mojigato encogido ante la frescura sin pudor y sin máscaras de Ziga. Porque, de alguna manera, siento, mientras leo su librito, todos los condicionamientos absurdos, clasistas, machistas, católicos, tradicionalistas y estúpidos que forman parte de mi personalidad y que, aunque me avergüenzo de ellos, ni quiero ni soy capaz de romper, ni de liberarme de ellos.
Es cierto, por otra parte, que algunas de las tesis que expone Itziar Ziga son difíciles de asumir (e incluso inasumibles en absoluto): por ejemplo, hace un alegato en favor de la prostitución (la quintaesencia del machismo) con argumentos, en mi opinión, peregrinos a todas luces. Sin embargo, “Devenir perra” nos ofrece un nuevo ángulo, un nuevo punto de vista fresco y novedoso, un posicionamiento que, como mínimo, no nos dejará fríos.
Una lectura absolutamente recomendable.