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miércoles, 4 de febrero de 2015

El PCE, SYRIZA y el Neoestalinismo

 En 1989 apareció electoralmente en Grecia Sinaspismós (Coalición, en griego), donde se presentaban unidas a las elecciones las dos mitades en las que se escindió el KKE, la prosoviética y la eurocomunista. Poco duró la unión, ya que los cuadros alineados con la ortodoxia marxista-leninista se reagruparon en el nuevo KKE, reafirmando los principios del centralismo democrático y denunciando todo tipo de desviacionismo de la línea ortodoxa (identificada con el comunismo anterior al  XX Congreso del PCUS, aquel donde Jrushchov denunciara los crímenes del stalinismo) mientras que el resto decidió convertir Sinaspismós en un partido político, en 1991.
Desde entonces, el PCE ha mantenido unas relaciones fraternas tanto con el KKE como con Sinaspismós, relaciones que se evidenciaban, por ejemplo, en las tradicionales delegaciones enviadas mutuamente a los diferentes congresos de cada partido, a la presencia en las fiestas organizadas por los partidos a nivel nacional (como nuestra querida Fiesta del PCE), etc.

jueves, 20 de mayo de 2010

¡Y me llamaban rojo trasnochado!

Leo por ahí, con cierta sorpresa, que incluso el sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda (que no tiene nada de izquierdoso) ha criticado las medidas del Gobierno Zapatero por insolidarias e inefectivas, y plantea alternativas más viables y solidarias.
Aquí tenéis el enlace.
Lo sorprendente no es el hecho de que los profesionales de las finanzas públicas critiquen el derechazo de Zapatero, sino la hipocresía con la que mucha gente se da golpes de pecho.
Estas mismas medidas (más la eliminación de los privilegios económicos a la Iglesia Católica), las mismas que muchas personas de izquierda se desgañitan en bares y corrillos preguntándose por qué no se han tomado ya las venía solicitando desde hace años la izquierda transformadora.
La diferencia es que a nosotros nos llamaban rojos trasnochados.

viernes, 11 de julio de 2008

Que gane el peor

El martes pasado me presenté a la última prueba del proceso de las oposiciones al profesorado de secundaria.
Ha sido duro: después de hacer un CAP (Curso de Aptitud Pedagógica) donde no te enseñan nada, después de dejarme los ahorros en cursos de-formación (el guión no es una errata) que cualquiera puede comprar, después de largas noches de estudio tras largas jornadas de trabajo en la obra, por fin he podido optar a un puesto de trabajo en algo que me gusta: profe de Historia del Arte en el sistema público de educación.
Pero, aunque debería estar contento (porque me lo he currao, ¡qué leches!), me he dado de morros con la realidad: el sistema está viciado desde la raíz. Echando cuentas, aunque hubiera sacado un diez en cada prueba, cualquier mindundi con la suerte de haber entrado a trabajar cuatro años antes que yo ya jugaría con la ventaja de cuatro puntos más de méritos. Eso sin contar con que cada vez las supuestas pruebas selectivas sirven para cualquier cosa menos para seleccionar: se elige un tema de entre cinco (ya hay que ser negao para que alguno no te lo hayas preparado), los que tienen la suerte de haber trabajado siquiera una semana quedan exentos de una de las pruebas (pueden presentar un informe), etc. Y, como colofón, aunque se diera la posibilidad de que alguna persona fuese la que mejor nota obtuviera, no sólo podría quedarse sin plaza, sino que pasaría a una lista "B" a la hora de optar a cubrir interinidades, porque aquellas personas que ya hubieran trabajado (independientemente de cómo hubieran accedido al sistema, podría darse la posibilidad de haber entrado en lista con un cero) tendrían preferencia.
Estoy de acuerdo con eso de la estabilidad laboral, de que no se puede tener a la gente pendiente de un hilo, etc., etc. Pero lo que también tengo claro es que el sector público debe estar abierto a cualquier persona en igualdad de condiciones y en él deben trabajar aquellas personas que demuestren merecer el puesto por méritos propios.
Hay muchos mecanismos para consolidar el trabajo de los interinos sin necesidad de incurrir en agravios comparativos: reservar plazas para un sistema de promoción interna, optar a bolsas de trabajo específicas, etc., etc.
Pero lo que no puede ser es que cualquier inútil (y no digo con esto que un interino sea un inútil, por supuesto) pueda superar manu militari a una persona preparada y con ganas. En primer lugar, porque es injusto. En segundo lugar, porque el acceso a la función pública debe ser imparcial y selectivo. Y, en tercer lugar, porque son nuestros hijos e hijas los que pagan el pato: luego querrán paliar con dotaciones informáticas y campañas publicitarias lo que no se ofrece a la chavalería en las aulas.
Y, lo más sangrante, es ver a los sindicatos de clase defendiendo con uñas y dientes a una pléyade de desgarramantas que sólo quieren poner el cazo y que cada cuatro años van en procesión a las urnas con su papeleta del PP. La caña.

domingo, 17 de febrero de 2008

En un mundo libre...

El bendito Ken Loach, director de cine comprometido como ninguno, ha estrenado recientemente una nueva película: "En un mundo libre...", donde se centra de nuevo en la problemática de la inmigración ilegal en Occidente.
El tema viene que ni pintado en estos días de (pre)campaña electoral. Toda persona con más corazón que estómago sintió náuseas al escuchar a Arias Cañete hablar de lo mal que está el servicio, o el aplaudido por la ultraderecha europea contrato para los inmigrantes propuesto por el PP, donde los trabajadores extranjeros tendrían que pasar por la humillación de firmar un documento a su entrada al país donde se comprometieran a respetar las leyes y las costumbres españolas(?).
Dicho contrato propuesto por Espe, Rajoy y cia. nos lleva a hacer unas reflexiones inmediatas: en primer lugar, está claro que cualquier persona en cualquier país, extranjera o no, está obligada a respetar las leyes, luego, ¿a qué viene eso de firmar que se va a cumplir algo a lo que ya estás obligado? Y en segundo lugar, ¿quién es el guapo que dice qué costumbres son las que hay que respetar? ¿Obligaremos a los kenyatas a bailar sevillanas? ¿Tendrán que salir los canadienses de los bares con un palillo de dientes en la comisura de los labios y rascándose la entrepierna? ¿Me recibirá mi amigo Mohamed en su casa bailándome un aurrezku en vez de con un té con menta? Y, por otra parte, ¿a qué extranjeros? Porque la ley española dice claramente que los ciudadanos de la UE tienen iguales deberes y derechos en todos los países de la Unión. ¿Habrá una escala de ciudadanos de primera, de segunda y de tercera?
Está claro que el PP no ha hecho ninguna de esas reflexiones y que lo único que pretenden es fidelizar a una parte de su electorado que comulga con la extrema derecha. Pero lo que resulta decepcionante es la reacción del PSOE: pese a que criticó (¿cómo no?) el contrato de marras, la primera reacción de Rubalcaba fue decir que ellos "habían expulsado del país durante 2007 a más ilegales que nunca", haciendo un guiño a los sectores más intransigentes. Y, no contentos con eso, en la escalada electoral por copar los votos de la xenofobia, propusieron que los extranjeros que residieran en España y tuvieran carné de conducir fueran obligados a realizar una prueba para convalidar dicho permiso. Estamos en las mismas: los ciudadanos de la UE, rumanos y búlgaros incluidos, tienen su documentación homologada a la española automáticamente. Y los extracomunitarios tienen tratados de reciprocidad que homologa títulos y documentos según tratados bilaterales (es decir, que, por ejemplo, Ecuador reconoce la validez del permiso de conducir español en territorio ecuatoriano y España hace lo propio con los ecuatorianos en territorio hispano). ¿Qué va a hacer el PSOE entonces? ¿Derogar la legislación comunitaria y no aceptar el carné de los rumanos como válido? ¿Derogarán el tratado bilateral con Colombia o Argentina y los residentes españoles allí tendrán que hacer una prueba de homologación de sus carnés?
La xenofobia tiene muchas caras. Y la que va unida a la hipocresía y la demagogia es la más amable, pero no por ello la más inocua.