sábado, 31 de mayo de 2008

¿Quién dijo laicismo?

Una de las líneas electorales que más utilizó el PSOE en la campaña a las generales fue, precisamente, la de la laicidad. Eran días convulsos, con los obispos a pie de pancarta y con la extrema derecha abogando por la objeción de conciencia a una asignatura que educaba en valores de respeto y democracia.
Y funcionó, ¡vaya si funcionó! Una marea de votos de gentes de izquierda acudió en tromba a votar al laico Zapatero pensando que al día siguiente de las elecciones la presencia de la Iglesia en las instituciones públicas sería cosa del pasado.
Pero, ¡ lo que son las cosas!, a la primera de cambio el PSOE nos ha demostrado su terror a las sotanas: daba pena ver en el Congreso a un Ramón Jáuregui diciendo que no era necesaria una Ley para eliminar los símbolos religiosos en las tomas de posesión de los cargos públicos. Según Jáuregui, con el tiempo y una caña, ya se irían eliminando poco a poco dichos símbolos, "de la misma manera que no ha hecho falta ninguna Ley para eliminar los crucifijos de las escuelas públicas".
Por la misma regla de tres, según el razonamiento de Jáuregui, tampoco hubiera hecho falta ninguna Ley para elimininar los símbolos franquistas, ni para prohibir la exhibición de símbolos racistas y xenófobos en actos públicos, para prohibir fumar en locales cerrados o para regularizar los matrimonios de personas del mismo sexo, ¡ya se hubiera encargado la Sociedad, una vez que lo hubiera asimilado todo (más o menos en el siglo XXV), de hacerlo por su propio peso!
El PSOE nos ha demostrado su faceta chupacirios de la manera más cutre. Ni siquiera ha sido debatiendo la eliminación de la financiación pública de la secta católica, ni la supresión de la figura de los capellanes castrenses, ni otras cosillas de verdadera miga: han salido espantados como colegiales sólo con haber divisado en la lejanía la sombra de un báculo.
Y así nos va: de báculo.

jueves, 22 de mayo de 2008

La satisfacción de los lobos

Érase una vez, en un cercano país, un grupo de lobos que se reunieron para ver cómo marchaban sus negocios.
Lejos quedaban aquellos tiempos en los que tenían que salir a cazar por esos bosques, ya que desde hacía mucho criaban en sus propios establos a las suculentas ovejas de raza merina. Sin embargo, las leyes del Reino les imponían grabosas condiciones para sus haciendas: control veterinario, número máximo de ovejas por bebedero, etc. Así que comenzaron a introducir en los establos ovejas ilegales, de raza churra (que abundaban, ya que la lluvia ácida producida por las fábricas de los lobos había esquilmado los prados de sus valles de origen), las cuales, además de ahorrarles a los lobos impuestos, gestiones, etc., consumían menos pienso y su carne era tan sabrosa y su sangre tan dulce como la de las merinas, así que, poco a poco, los lobos fueron reduciendo la ración de pienso de las merinas y a relajar las medidas higiénicas y de control para con ellas.
Por esas razones, la agitación empezó a alterar la paz de los establos. Las merinas se quejaban de las magras raciones, del hacinamiento, del lento pero progresivo deterioro de su nivel de vida. Así que los lobos tomaron cartas en el asunto.
Decidieron difundir por los establos que la culpa de todo la tenían las churras, que portaban enfermedades de sus incivilizados prados, que se empeñaban en comer menos y en hacinarse en los rincones más sucios, por lo que su competencia era desleal.
La peregrina idea, no obstante, cuajó entre las merinas. Bajo la mirada satisfecha de los lobos, las churras eran objeto de vejaciones cada vez más frecuentes, por lo que su miedo las empujaba a no comer demasiado, con lo que los lobos cada vez daban raciones de pienso más magras y el ciclo se retroalimentaba una y otra vez.
"¿Y ninguna oveja merina se dio cuenta?", os preguntaréis, queridos niños y niñas. Pues sí, pero como las ovejas negras eran cada vez menos y estaban tan desprestigiadas por pedir la libertad de la vida en los prados y renunciar a la confortable y civilizada vida del establo, nadie les hacía caso.
Y los lobos sonreían satisfechos mientras clavaban sus dientes en los tiernos cuellos de sus ovejitas, lo mismo de las churras que de las merinas.

* * * * * *

Esta mañana estaba en el tajo y se me acercó Manuel, un extremeño rondando los 60 años con un gracioso gracejo castúo. Pero hoy no estaba para guasas. Le habían dado el boleto (la carta de despido). Y, cuando acabábamos la típica charla (que si la construcción está muy mal, que si muchas empresas, después de haberse llevado la pasta, dan el cerrojazo, etc.), me suelta Manuel:
-"Si es que no me extraña, si es que hay mucho extranjero, que como cobran menos nos están quitando el curro."
Mientras hablaba, sobre el ruido de la hormigonera y el murmullo de Radiolé de la cuadrilla de yeseros de al lado, he creído oír un prolongado aullido de lobo en la lejanía.
Habrá sido mi imaginación.
O la mala leche que se me ha puesto.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Marcar el aspa

Al mismo tiempo que los ultracatólicos despotricaban contra Buenafuente y sus amiguitos a tenor de la campaña puesta en marcha para que en la declaración del IRPF se marque la casilla destinada a "usos sociales", la propia Madre Iglesia ha puesto en marcha la suya, anuncios de televisión incluidos.
En los días pasados algún pequeño debate se creó alrededor de estos llamamientos mediáticos y de la virtual decisión (tiiiiiibia) del Gobierno de "avanzar en la laicidad del Estado" (sic.). Una ráfaga fresca de racionalidad sacudió las apolilladas mitras obispales y sus titulares montaron en cólera con la excusa (manida) de que la dichosa casilla del IRPF no era más que un nuevo ataque a la Iglesia en venganza por las aún calientes manifestaciones callejeras de los obispos en apoyo del denostado Rajoy. Pero la sangre no llegará al río.
Se olvidan estos señores con faldas y puntillas que ellos mismos firmaron unos acuerdos hace décadas en los que se comprometían con el Gobierno de turno a autofinanciarse. La actual situación de financiación de la Iglesia Católica por parte del erario público no es sólo un anacronismo decimonónico sino, lo que es más grave, un incumplimiento supino de unos acuerdos que la propia Iglesia firmó.
Sin embargo, la Iglesia no cejará en su empeño de seguir mamando de la teta estatal. Sobre todo porque saben de la debilidad real de los golpes de efecto de Zapatero sobre el tema. Si el Gobierno encabezado por el Presidente Rodríguez Zapatero tuviese la más mínima intención de cambiar las tornas, hace tiempo que hubiera denunciado los Acuerdos con la Santra Sede. Pero Zapatero se debate entre la racionalidad de una medida que no haría sino poner a España en la órbita de los países civilizados (porque uno de los pilares de la civilización occidental es la dieciochesca separación entre Iglesia y Estado) y el miedo ridículo a que los voceros de la ultraderecha (que no son, como muchos piensan, los espantajos tipo Jiménez Losantos) aparten del regazo del PSOE a un par de millones de votantes moderados.
Entre tanto, siempre nos quedará París: marcar la aspita (la de fines sociales, por supuesto).

domingo, 27 de abril de 2008

La traición de los curritos

Fernand Braudel, el gran historiador francés y alma de la "Escuela de Annales" acuñó un concepto de gran repercusión en la historiografía del siglo XX. Se trata de la llamada "Traición de la burguesía". En el "Antiguo Régimen" (siglos XVI al XVIII grosso modo) sólo los estamentos privilegiados (la nobleza y el clero) tenían derechos políticos y podían hacerse cargo de las labores de gobierno. Las clases adineradas de las ciudades (la burguesía), aún gozando de gran poder económico, carecían de los privilegios de los anteriores. Siguiendo a Braudel, la burguesía comenzó desde antiguo a protagonizar una lucha por la conquista del poder que culminaría con las revoluciones burguesas del XIX (la más señera sería la Revolución Francesa), pero en este proceso se dieron algunas paradojas. La más importante sería dicha traición de la burguesía: muchos ricos comerciantes, artesanos, etc., de las ciudades, en vez de luchar por sus intereses como colectivo (como clase), se dedicaron a emular a los nobles, siguiendo su modo de vida, sus costumbres, asumiendo la ideología aristocrática (repudio del trabajo manual, vivir de las rentas, etc.) e incluso comprando títulos de nobleza (mediante matrimonio a veces) de manera que acababan asumiendo el sistema de cosas, traicionando así su propia ideología y constituyendose en un serio obstáculo para el progreso de la lucha por los derechos de su propia clase social.
Si extrapolamos lo anterior a nuestra sociedad, podemos comprobar, como Heráclito, que la Historia se repite: la clase trabajadora, no sólo de España sino de todo el orbe occidental, después de dos siglos de dura lucha por los derechos sociales y políticos, una vez alcanzado un cierto nivel de prosperidad económica, se ha dedicado a mirarse el ombligo y a asumir la ideología de sus antagonistas. Como los burgueses del siglo XVII, los curritos del XXI (europeos y blancos) se mueren por poseer el adosado con piscina, la tele de plasma y el Audi A4. Los moros, los rumanos, los sudacas ( los que ocupan en suma los puestos de trabajo en los que antaño también sus propios padres fueron explotados), ya no son vistos como iguales, como gentes con los mismos intereses y necesidades, como miembros de una misma clase. Quienes hablan de control de fronteras, de regulación del flujo migratorio, de inseguridad ciudadana, ya no son los señoritos de pueblo ni los empresarios urbanitas, sino los hijos del proletariado del franquismo que se avergüenzan incluso de la palabra proletariado. Se ha cambiado la solidaridad de clase por tener clase, la sobriedad obrera por la moda, la dignidad por el consumo y el derroche, el arriba parias de la Tierra por el que venga detrás que arree.
Como bien analiza Enrique Gil Calvo en "El declive de la izquierda" (El País, Opinión, 16-04-2008), asistimos a un proceso de derechización de la clase trabajadora sin precedentes, a una estratificación social donde cada uno quiere alcanzar el estatus de los que están por encima y repudia a quienes, por naturaleza social, comparten sus intereses. Ni siquiera los más explotados entre los explotados, los inmigrantes, sienten los otrora sagrados lazos de clase: mientras se ponen verdes entre comunidades nacionales (los marroquíes detestan a los rumanos, los rumanos miran por encima del hombro a los sudacas, los sudamericanos no quieren nada con los moros, etc.) llenan las grandes superficies comerciales comprando compulsivamente móviles de última generación, bambas de marca o trapitos de Mango y Zara.
Pronto desaparecerán los posters de "El Ché" y se venderán como rosquillas los de Esperanza Aguirre. Nadie se acordará de Marx ni de Bakunin. Es la traición de los curritos.

martes, 15 de abril de 2008

A cuerpo de Rey

Si no puedes con tu enemigo, únete a él: comprobando que al 99% de mi vecindario se la pela el hecho de que el Jefe de Estado lo ostente la familia Borbón por derecho de herencia, he decidido hacerme, yo también, monárquico.
Ya que se trata de un cambio de chaqueta de 180 grados, he decidido hacerlo a lo grande, fundando el Partido Democrático Monárquico, del que adelanto algunas líneas maestras de su manifiesto fundacional (que espero que suscribáis todos y todas):

- España se constituirá en Monarquía por Derecho Divino.
- En cada región autónoma su presidente será el heredero de alguna de las familias con rango de Grandes de España: en Andalucía, por ejemplo, se propondrá a la Duquesa de Alba.
- Los Ayuntamientos serán regidos de manera perpetua y hereditaria por miembros de la nobleza local. En caso de no existir ninguna familia noble, la Alcaldía será ejercida por familias cuyos miembros no hayan realizado trabajos asalariados en, al menos, las dos últimas generaciones.
- Se abolirá el Sufragio Universal y el Parlamento será sustituido por la Asamblea de los Grandes de España, compuesta por quienes ostenten el título de Conde, Marqués o Duque o miembros de la Familia Real.
- Se estudiará un calendario para la reimplantación de la Santa Inquisición y el Derecho de Pernada si así el Pueblo lo demandare.

Espero que abandonéis vuestra contumaz y envidiosa reivindicación de la República y acabéis entrando en razón uniéndoos al Partido. ¡¡¡Viva el Rey!!!

martes, 1 de abril de 2008

Mierda de Artista, de Piero Manzoni

En agosto de 1961 Piero Manzoni presentó una obra que revolucionaría el mundo del arte. Se trataba de unas cajitas llenas con 30 gramos de su propia mierda, por las cuales pedía como precio de venta el de la cotización diaria del oro.
La mayoría de la gente se lo tomó como una auténtica payasada, o a lo sumo como una broma al estilo de Dadá, pero la acción de Manzoni encerraba unas serias reflexiones sobre el arte.
En primer lugar, Manzoni criticaba con fina ironía el mercado artístico y el sistema capitalista, en el que la obra de arte se había convertido en una mercancía más. Ya no se trataba de estímulos culturales, ni de apertura de horizontes intelectuales: el artista se había convertido en una máquina de dar dinero.
Y, en segundo lugar, hacía una metarreflexión sobre la producción artística. El artista era un verdadero demiurgo que transmutaba cualquier cosa en objeto artístico. Con mierda de artista llevaba hasta el final el principio duchampiano del ready-made, merced al cual lo que confiere a cualquier objeto la categoría de obra de arte es la intencionalidad del artista que lo dota de un nuevo contexto. A partir de ahora, la auténtica esencia del arte no serían los objetos artísticos, sino la acción artística, el concepto.
Manzoni murió en el 63, en lo más activo de su vida. Con él se perdió el último azote del capitalismo artístico. Bienvenidos a la era de la Pasarela Cibeles y del Chanel para todos. ¡Manda carallo! ¡Y que luego digan que la mierda era aquello..!

miércoles, 19 de marzo de 2008

Morir de honestidad

El problema más grave de Izquierda Unida es esa obsesión por cogérnosla con papel de fumar (perdonad lo machista de la expresión). Gastamos nuestras energías en debates estériles que tienen más de bizantinos que de otra cosa, y entre tanto remilgo la gente se desanima y se acaba quedando en casa más pronto que tarde.

El caso más claro fue el de las primarias. ¿A quién se le ocurre meterse en tal berenjenal a unos meses de las elecciones? La imagen de jaula de grillos que dimos fue antológica. Pero si descendemos a pie de calle la cosa no está mejor: la misma persona que ayer te critica por hacer la pinza al PSOE te acusa mañana de seguidismo a Zapatero. Y la mayoría, sin apenas excepción, acaba votando al PSOE.

No creo que en otras organizaciones tengan el mismo afán suicida. No hay más que mirar, por ejemplo, al PSOE: los mismos que ayer entregaron Navarra al PP porque pactar con el PNV un acuerdo de gobierno era anatema, hoy están gritando sus cantos de apareamiento con los otrora soberanistas a los cuatro vientos. Y a todos los votantes del PSOE les parece la octava maravilla política.

No soy partidario de aplicar a rajatabla una línea pragmática que nos convierta en una maquinaria institucional y punto, porque precisamente el mejor activo de Izquierda Unida es su pluralidad. Pero si seguimos matándonos por estupideces, por un corsé purista beato e inquisitorial, acabaremos muriéndonos de asfixia. Eso sí, orgullosos en nuestra tumba de no haber cedido un paso, embalsamados en nuestra propia honestidad.

lunes, 10 de marzo de 2008

¿Democracia? ¿Qué democracia?

PSOE: 1 diputado por cada 65000 votos

PP: 1 diputado por cada 63.000 votos

CiU: 1 diputado por cada 70.000 votos

PNV: 1 diputado por cada 50.500 votos

ERC: 1 diputado por cada 98.700 votos

CC: 1 diputado por cada 81.500 votos

Na-Bai: 1 diputado por cada 62.000 votos

Izquierda Unida: 1 diputado cada medio millón de votos

Hay que preguntarnos:

  • ¿A quién le interesa que fuerzas políticas como Izquierda Unida, con casi un millón de votos, tengan muchos menos diputados que los nacionalistas?

  • ¿Por qué un millón de votos de Izquierda Unida valen 2 escaños mientras que 700.000 de Convergencia i Unió valen 11 escaños, 300.000 votos del PNV valen 6 escaños, 100.000 de los nacionalistas canarios valen 2 escaños, etc.?
  • ¿Por qué los dirigentes del PP y el PSOE hablan tanto de que los nacionalistas tienen demasiada fuerza y por la espalda no les da la gana cambiar una Ley electoral INJUSTA que perjudica a los partidos que se presentan en todo el país, como Izquierda Unida?
  • ¿Es esto Democracia, cuando el voto de IU vale 10 veces menos que uno del PNV u ocho veces menos que del PP o del PSOE?

  • Ahora, que tanto se presume de ampliar derechos, ¿será capaz el PSOE de cambiar esta Ley Electoral tan injusta y hacer que sea verdad lo de “una persona, un voto”, o preferirán apoyarse en los nacionalistas mientras clavan la puñalada en la espalda a la gente de izquierdas que les apoyó?

miércoles, 5 de marzo de 2008

Si hay un solo voto inútil, la Democracia es inútil

Si en un sistema político cuyo pilar fundamental es el sufragio universal se puede llegar a decir que hay votos útiles y votos inútiles es que la Democracia es también inútil.
Si mi voto, un voto consciente, un voto reflexivo, un voto democrático, es inútil, entonces es que el sistema en el que vivo no puede llamarse democrático. De nada sirvieron entonces los esfuerzos de tantas y tantas personas a través de las décadas, los años de cárcel, de represión o de lucha contra la Dictadura.
No pienso resignarme. Tengo dignidad. Voy a votar IU.

domingo, 2 de marzo de 2008

Palestina se desangra

Ya no quedan palabras, sólo la rabia. Ya no se trata sólo de ver la hipocresía y el doble rasero con el que nuestra querida Europa del Euro mira hacia los pueblos del Sur, sino de comprobar día a día cómo su historia se va convirtiendo, como el título de la obra de Borges, en la Historia Universal de la Infamia.
Da vergüenza comprobar cómo ni uno de los gobiernos europeos (de Norteamérica no puede esperarse nada) ha llamado a consultas a su embajador en Israel, cómo ni siquiera han tenido un gesto de dignidad para pedir con medidas de fuerza que acabe el genocidio palestino. Las razones que en otros tiempos sirvieron para arrasar Iraq o arruinar Yugoslavia no han dado para más que unos tímidos sentimientos de condolencia. Lejos ha quedado la firmeza de Zapatero clamando contra guerras inmorales e ilegales. Y es que los sin voz no dan votos.
Por eso es de agradecer el gesto de Llamazares en Asturias, saliendo con la Qipa al estrado del mitin con el atril envuelto en la bandera de Palestina. Aunque es sólo un gesto, os lo juro que me he emocionado: pero no esperaba menos.
Viva Palestina.

sábado, 23 de febrero de 2008

Radio Nacional de España. La pública. La suya.

Uno de los lemas más manidos de Juan Ramón Lucas, conductor del programa matinal de RNE “En días como hoy” es el del título del post: “Radio Nacional de España. La pública. La suya.

A pesar del inefable grupito de tertulianos y de las opiniones pro-PSOE cada vez peor disimuladas por su director, en dicho programa se alardea de neutralidad y de “no opinar”, y para demostrarlo ponen a disposición del ciudadano un teléfono, 900 137 137 (gratuito), en el que se puede dar la opinión y hasta intervenir.

Hace unos días (¡ay, mísero de mí, ay, infelice!) se me ocurrió llamar, quejándome de que ya que la Constitución promueve explícitamente el pluralismo político, un debate a dos me parecía no sólo un atropello a los partidos distintos al PP-PSOE, sino que iba en contra del espíritu y la letra constitucional. La señorita, muy amable, tomó nota y me pidió el teléfono para llamarme cuando me tocara intervenir en directo, pero en el programa no se hizo referencia al tema. Al día siguiente, llamé para decir que si Izquierda Unida tenía un 5% de votos, grosso modo, le correspondía un 5% del hemiciclo, es decir, 17 ó 18 de 350 diputados, y que como sólo teníamos 5 me parecía que es como para perder la fe en la democracia. De nuevo amabilidad, pero, en el programita, ni mú.

El caso es que me lo he tomado como experimento sociológico: llamo a diario (¡palabra!) desde el curro y les expongo mi queja (sobre todo lo del atraco electoral), con idénticos resultados: escucho la radio, habla gente de todo el Estado de cualquier tema y de lo mío cero patatero (como diría nuestro políglota ex-presidente Ansar). Os animo a llamar y a experimentar en carne propia el ninguneo.

Al menos, ya entiendo el verdadero sentido del lema del programa: Radio Nacional de España. La pública. La suya (la del PSOE).

domingo, 17 de febrero de 2008

En un mundo libre...

El bendito Ken Loach, director de cine comprometido como ninguno, ha estrenado recientemente una nueva película: "En un mundo libre...", donde se centra de nuevo en la problemática de la inmigración ilegal en Occidente.
El tema viene que ni pintado en estos días de (pre)campaña electoral. Toda persona con más corazón que estómago sintió náuseas al escuchar a Arias Cañete hablar de lo mal que está el servicio, o el aplaudido por la ultraderecha europea contrato para los inmigrantes propuesto por el PP, donde los trabajadores extranjeros tendrían que pasar por la humillación de firmar un documento a su entrada al país donde se comprometieran a respetar las leyes y las costumbres españolas(?).
Dicho contrato propuesto por Espe, Rajoy y cia. nos lleva a hacer unas reflexiones inmediatas: en primer lugar, está claro que cualquier persona en cualquier país, extranjera o no, está obligada a respetar las leyes, luego, ¿a qué viene eso de firmar que se va a cumplir algo a lo que ya estás obligado? Y en segundo lugar, ¿quién es el guapo que dice qué costumbres son las que hay que respetar? ¿Obligaremos a los kenyatas a bailar sevillanas? ¿Tendrán que salir los canadienses de los bares con un palillo de dientes en la comisura de los labios y rascándose la entrepierna? ¿Me recibirá mi amigo Mohamed en su casa bailándome un aurrezku en vez de con un té con menta? Y, por otra parte, ¿a qué extranjeros? Porque la ley española dice claramente que los ciudadanos de la UE tienen iguales deberes y derechos en todos los países de la Unión. ¿Habrá una escala de ciudadanos de primera, de segunda y de tercera?
Está claro que el PP no ha hecho ninguna de esas reflexiones y que lo único que pretenden es fidelizar a una parte de su electorado que comulga con la extrema derecha. Pero lo que resulta decepcionante es la reacción del PSOE: pese a que criticó (¿cómo no?) el contrato de marras, la primera reacción de Rubalcaba fue decir que ellos "habían expulsado del país durante 2007 a más ilegales que nunca", haciendo un guiño a los sectores más intransigentes. Y, no contentos con eso, en la escalada electoral por copar los votos de la xenofobia, propusieron que los extranjeros que residieran en España y tuvieran carné de conducir fueran obligados a realizar una prueba para convalidar dicho permiso. Estamos en las mismas: los ciudadanos de la UE, rumanos y búlgaros incluidos, tienen su documentación homologada a la española automáticamente. Y los extracomunitarios tienen tratados de reciprocidad que homologa títulos y documentos según tratados bilaterales (es decir, que, por ejemplo, Ecuador reconoce la validez del permiso de conducir español en territorio ecuatoriano y España hace lo propio con los ecuatorianos en territorio hispano). ¿Qué va a hacer el PSOE entonces? ¿Derogar la legislación comunitaria y no aceptar el carné de los rumanos como válido? ¿Derogarán el tratado bilateral con Colombia o Argentina y los residentes españoles allí tendrán que hacer una prueba de homologación de sus carnés?
La xenofobia tiene muchas caras. Y la que va unida a la hipocresía y la demagogia es la más amable, pero no por ello la más inocua.

Mi amigo Santos

Cuando acabó la Segunda Guerra Mundial, el senador McCarthy desencadenó una persecución política sin precedentes en los Estados Unidos destinada a limpiar de comunistas tanto los USA como el Occidente bajo su esfera de influencia. Esta caza de brujas se cebó sobre todo en artistas, periodistas, intelectuales y gente del cine (por lo que alcanzó una gran repercusión), alcanzando unas cotas de censura tales que se creó una psicosis colectiva que llevó a miles de personas a denunciar a antiguos vecinos y amigos que pasaban por la humillación de testificar ante la Comisión de Actividades Antiamericanas. De esta manera, aunque muchos no fueron condenados oficialmente, pasaron el calvario de verse perseguidos, marginados y apartados de la vida pública por el mero hecho de tener simpatías por la izquierda (y, a veces, sólo por ayudar a algún izquierdista).

La Historia, como postuló Nietszche, se repite continuamente, a diferentes escalas y en tiempos y maneras distintos. En mi pequeño pueblo (Miguel Esteban), a un vecino, Santos Ochoa, candidato del PSOE al Ayuntamiento local, se le ocurrió la peregrina idea de que algunas cosas tenían que cambiar. Cosas tan evidentes como que el Ayuntamiento no contratara a dedo ni despidiera a discreción al personal laboral, que hiciera públicas las cuentas públicas (valga la redundancia), que se eliminara del callejero local el nombre de militares golpistas o de dictadores como los generales Mola y Franco, etc., cayeron como una bomba en el seno de la comunidad migueleta, acostumbrada a que sólo los rojos de Izquierda Unida hicieran dichas disparatadas peticiones. Se desencadenó entonces una verdadera caza al hombre, un acoso y derribo (siempre he querido tener un blog para poder escribir tantos tópicos...) feroz contra él, negándole el pan y la sal de la buena voluntad y las buenas intenciones. Se le presentó como un monstruo cuyo único objetivo eran cargarse al pueblo, al que sólo movían intereses espurios. Perdió las elecciones, pero el acoso no paró ahí, sino que sigue día a día como los perros que se ceban en la presa muerta.

Personalmente, no creo que nadie se meta en política municipal en un pueblo pequeño sin intenciones de mejorar las cosas (y les otorgo el beneficio de la duda a todos, desde el PP hasta Batasuna). Sólo que hay muchas formas distintas, y hasta incompatibles, de querer cambiar las cosas. Está claro que discrepé y discrepo, más de forma que de fondo, de muchas de las propuestas del PSOE local en las anteriores elecciones municipales (si no, les hubiera votado a ellos y no a Izquierda Unida), pero eso no es óbice para que tenga que quedarme de brazos cruzados cuando veo que un sector de los habitantes de mi pueblo quieren destruir sin escrúpulos a una persona sólo por razones de interés político. Sobre todo cuando, esencialmente, se trata de una buena persona con buenas ideas y con buenas intenciones.

Viene al pelo el famoso poema, atribuido por error a Bertolt Brecht, de Martin Niemoeller (vuelvo a suscribir lo de los tópicos ;)):

Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista.
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata,
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista,
Cuando vinieron a buscar a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío,
Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.

No pienso callarme cuando veo el acoso al que se está sometiendo a Santos Ochoa, por muchas razones. La principal de ellas es que estoy orgulloso de ser su amigo.

sábado, 16 de febrero de 2008

¡Qué modernos son estos sociatas!

Cuando los voceros del progresismo institucional (léase PSOE) atacan a la izquierda transformadora, suelen descalificarla como antigua, fuera de la realidad, o utópica. ¡Como si los obreros de la construcción, el campo o la mar, que disfrutan de jornadas de 9 horas sin pagas y sin vacaciones, a veces firmando el finiquito en blanco, estuviesen fuera de la realidad o su situación no fuese real y contemporánea..!
Sin embargo, se les ve el plumero cuando se trata de abordar la existencia de instituciones medievales. Para ellos la monarquía, por ejemplo, no es una rémora antidemocrática, elitista y “antigua”. Que la Jefatura del Estado sea heredad de una familia, que no tengamos derecho a su elección libre y por sufragio universal, que las cuentas de la Casa Real estén blindadas a auditorías, etc., etc., etc., no son para ellos antiguallas medievales, sino (¡voto a bríos!) una garantía de unidad para los españoles (¡cáspita!), como se encargó de recordarnos el propio Zapatero hace unas semanas con ocasión del 40 cumpleaños del heredero de la Jefatura del Estado, escribiéndole una carta, publicada en los periódicos, en la que demostraba su peloteril sumisión a la Corona.
Tampoco ven ningún impedimento en defender el sistema electoral, herencia del liberalismo del siglo XIX que, mediante el uso y abuso de la circunscripción provincial, margina a fuerzas democráticas estatales como Izquierda Unida de manera que con casi un millón y medio de votos obtienen sólo cinco diputados mientras partidos como el PNV o ERC, con tres o cuatro veces menos votos tienen siete u ocho.
Tres cuartos de lo mismo pasa pasa con la Iglesia. Desde la Ilustración (siglo XVIII para más señas) se ha estado pregonando la separación Iglesia-Estado, la laicidad de los gobiernos, etc., etc. Al pobre de Montesquieu le daría un pasmo al ver como a la quintaesencia del progresismo español le da igual que en las escuelas públicas se predique una fe, que los obispos designen a dedo a los profesores de religión (pero siendo el Estado quien les paga), que se pague al clero por parte del erario público o que los capellanes castrenses formen parte del organigrama (y la nómina) del Ministerio de Defensa.
Por eso les resulta muy duro ver como sus protegidos (esos señores con joyas, bonetes y faldas con puntillas) piden abiertamente el voto para el PP o soliviantan a la ciudadanía clamando contra el derecho a una sexualidad sana, al divorcio, al aborto, despotricando contra el derecho a la libre elección de la opción sexual o pidiendo la objeción de conciencia a una asignatura que enseña valores democráticos. Señores psoecialistas: ajo y agua. De aquellos polvos, estos lodos.
Ya es hora de entrar en la modernidad. Hágannos caso a los cavernícolas de la izquierda transformadora y hagan realidad, en pleno siglo XXI, la separación de la Iglesia y el Estado.

La balsa de La Medusa

Hace unas semanas escribí este pequeño artículo para la revista local "Punto de Encuentro". Como veréis, el tono es bastante (¡¡¡mucho!!!) moderado, porque el público al que va dirigido no es precisamente la flor y nata de la progresía (Miguel Esteban, para quienes no lo sepáis, es un feudo tradicional de la derecha más recalcitrante). Pero me pareció interesante hurgar un poco en el tema de la inmigración, tan traída y llevada.

La balsa de La Medusa

De entre las muchas obras cumbre del arte que se pueden admirar en el parisino Museo del Louvre destaca una de 1819 del pintor romántico Théodore Géricault titulada La balsa de La Medusa.

Esta enorme pintura, tanto por sus dimensiones (mide siete por cinco metros) como por su calidad pictórica, está basada en una truculenta historia que agitó la conciencia de la sociedad francesa de la época.

En 1816, tras la derrota de Napoleón y la restauración de los Borbones en el trono francés, una fragata, La Medusa, naufragó a unos 150 kilómetros de la costa del Senegal (en aquella época territorio galo). Como el total de los 400 navegantes no cabía en los botes salvavidas, el capitán decidió que éstos fueran ocupados según el rango de la tripulación, dando preferencia a oficiales y aristócratas. El resto, unas 150 personas entre marineros, sirvientes y soldados rasos, fue trasladado a una balsa construida con madera de la fragata que sería remolcada por los botes. Sin embargo, al poco tiempo, los aristócratas comprobaron que remolcar la balsa les entorpecía la marcha, así que decidieron cortar las amarras y abandonar la balsa a su suerte.

Los botes alcanzaron la costa sin dificultades, pero la balsa de La Medusa quedó a la deriva; sin víveres, sin remos, sin agua potable, pronto el hambre, la sed, la insolación y la enfermedad se enseñorearon de tan precaria embarcación durante 52 días, al cabo de los cuales sólo 15 tripulantes fueron rescatados con vida, de los que 5 murieron al poco tiempo. Los diez supervivientes difundieron por toda Francia los terribles hechos, relatando tanto el infame acto de los aristócratas de La Medusa como la serie de calamidades que ocurrieron a bordo de la balsa, donde se llegó al asesinato, la enajenación mental, el suicidio e incluso al canibalismo.

El conocimiento de tales noticias causó gran ira y revuelo en la población francesa, que vio en aquellos hechos la personalización de lo repugnante de quienes desprecian hasta el extremo la vida de aquellos a quienes consideran inferiores. El cuadro de Géricault provocó tal vergüenza entre la nobleza que un grupo de ellos intentó comprar el lienzo para destruirlo, aunque la famosa obra se salvó, paradójicamente, al ser adquirida por el propio rey para la colección real.

Aún hoy, casi 200 años después de aquellos hechos, nos sentimos conmovidos por esa historia. Sin embargo, por ironías del destino, en los últimos años no una sino cientos de balsas de La Medusa se dirigen desde el Senegal a las costas españolas cargadas de seres humanos desesperados, desfallecidos, en condiciones infrahumanas, muchos de ellos encontrando la más indigna de las muertes. Sin embargo, muy al contrario que los franceses de hace dos siglos, escuchamos cada día en el Telediario esas noticias sin inmutarnos, sin conmovernos, como si no se tratara de seres humanos.

Puede que no nos queramos parar a reflexionar que nosotros, los españoles del siglo XXI, quizás somos como aquellos aristócratas que, para salvar sus vidas, arrojaron a la muerte a decenas de personas que suponían un lastre para su marcha. De la misma manera, nosotros nos negamos a acoger a las personas que arriban a nuestras costas porque pensamos que supondrán un lastre para nuestra economía. No hace falta más que escuchar cualquier conversación en el bar, en la consulta del dentista o en el despacho del pan: la gente no piensa en estos seres desesperados como en seres humanos con tanta dignidad como nosotros mismos, sino que se queja de que ocuparán puestos de trabajo, acudirán al médico o supondrán un gasto para los servicios sociales. Ni siquiera nos paramos a pensar que quizás dichos emigrantes en realidad no nos vienen a robar nada, que vienen a ocupar los peores puestos de trabajo, que contribuyen al sostenimiento del sistema de pensiones o que dinamizarán nuestra economía gracias a su consumo, alquileres, compra de bienes, etc.

Lo que queremos es que nuestra riqueza, nuestro nivel de vida, no baje ni siquiera una milésima por culpa de estos negros y moros a quienes consideramos inferiores. Como los aristócratas de La Medusa, preferimos cortar las amarras de la balsa que tememos que lastre nuestro futuro. Y con este acto, abandonamos a miles de seres humanos a la desesperación y la muerte.