domingo, 22 de febrero de 2009
Crecimiento sostenible
El ejemplo más claro de lo anterior es el llamado "Crecimiento sostenible". No sólo en nuestras democracias occidentales, sino en casi todo el planeta, hemos hecho ya axioma el liberalismo económico, de manera que, a excepción de unos pocos, nadie da un céntimo por cualquier otro sistema económico que no sea el del libre mercado. El debate ha basculado de la dicotomía socialismo-liberalismo a neoliberalismo-sostenibilidad. Y da grima ver como los antaño apóstoles del marxismo (lease socialdemócratas de todos los colores) se empeñan en defender una variante del capitalismo que supuestamente respetaría no sólo el medio ambiente y la naturaleza, sino que redundaría en el bienestar de una cada vez más grande porción de la Humanidad.
Sin embargo, no es difícil comprobar, arañando un poco el barniz de tan refulgente edificio, que el liberalismo, capitalismo o libre mercado (llamemosle como queramos) se alimenta del crecimiento del consumo. Cualquier parón de éste, incluso una ralentización, se convierte instantáneamente en crisis económica, una de esas crisis cíclicas que sumen en la miseria a miles de familias y a sociedades enteras y que son, también, parte constitutiva e inexorable del capitalismo.
En estos días de crisis, es todo un poema ver cómo los dirigentes socialdemócratas de todos los rincones del planeta animan al consumo, inyectan capitales a la banca privada y sostienen con fondos públicos industrias tan insostenibles, no sólo ecológicamente hablando, como la industria del automóvil.
Y es que algunos creen que ser ecologista es pagar anualmente la cuota de Greenpeace.
domingo, 26 de octubre de 2008
Lo mejor de I Love IU
Una de las iniciativas lúdico-festivas (con perdón) que se lleva a cabo semanalmente es la publicación de un Top-Ten con lo mejor de cada semana.
Y esta semanita me ha tocado a mí. Así que aquí los tenéis. No he seguido un criterio de calidad, sino que he intentado visibilizar aquellos que trabajan de manera humilde (a nivel local) o, en el caso de los que tratan temas citados en otros blogs, escoger uno al azar, por eso de compartir karma.
Dos temas han sido tratados de manera mayoritaria: el del derribo de la cárcel de Carabanchel y la Asamblea de IU.
Para el primero he escogido como muestra Desde las trincheras, y para el segundo el blog de Martín Recio y El optimismo de la voluntad, que nos hacen ver las miserias y la ilusión, respectivamente, de todo cuanto rodea el proceso asambleario.
Un tema que me parece fundamental en todxs aquellxs que nos reclamamos de izquierdas es la formación, que no tiene por qué ser petarda. Por ello os recomiendo un blog al azar de entre los muchos que han tocado esta semana a Marx: La Gran Mancha Roja (éste, además, por paisano ;).
Pasión por la dialéctica lo incluyo porque me parece muy sano aportar artículos que hagan reflexionar, o que aporten su granito de arena, sobre temas de culturilla general.
Basseta ha sido el único (a excepción de mi modesto blog) que ha tocado las movilizaciones contra los planes de Bolonia. Desde aquí os animo a tomar cartas en el asunto sobre un tema que implica a la educación de las futuras generaciones y, por lo tanto, al control ideológico del sistema.
También he incluido algunos blogs por cachondos, como Pido la palabra o el Blog de Víctor Casco, en el que se ve a las claras que lxs rojxs somos mucho más listxs que lxs demás.
Y, por último, dos blogs incluídos por criterios personalísimos:
Des de l'esquerra, que nos hace reflexionar sobre la hipocresía de la administración en temas de conservación del medio ambiente;
y el blog de Gorka Esparza, que incluye un poema-canción en euskara del que no entiendo más de diez palabras pero que me sirve para llamar la atención sobre esa bella lengua y patrimonio único de la Humanidad.
miércoles, 22 de octubre de 2008
La Europa de Bolonia
En unos tiempos en los que el mercado se ha quitado la careta (se habla en estos días, abiertamente, de refundar el capitalismo, con el mismísimo Zapatero llorando a las puertas del G.8 pidiendo su participación en esta revitalización mientras jura que jamás permitirá en España una banca nacional) la Universidad era un obstáculo, un gasto inútil si no se ceñía a los dictados del capital (perdonad el abuso de retórica leninista): las nuevas titulaciones se adaptarán, a partir de ahora, a las necesidades del mundo de la Empresa.
Ese es el quid de la cuestión. Lo de menos es ya (que no es tampoco moco de pavo) la creación de unos títulos de grado devaluados, la existencia de másteres posgrado de pago, la implantación de los créditos de financiación de estudios que acabarán por sustituir a las becas (si no, al tiempo) o la participación de las grandes empresas privadas en los consejos rectores de las Universidades públicas. La cuestión es que la Universidad se convertirá en una fábrica en manos de empresarios cuyo único criterio será la rentabilidad.
Adiós al Humanismo.
Gaudeamus igitur (alegremonos pues)...
martes, 14 de octubre de 2008
Castilla - La Mancha y la chapuza del software libre
En Castilla-La Mancha se puso en marcha Molinux, una distro basada en Ubuntu con algunas mejoras destinadas, sobre todo, a la gestión de la pequeña empresa y al mundillo de la educación.
Pues resulta que a la Junta de Comunidades se le ha ocurrido la idea de dar un portatil a cada docente de secundaria, y, ¡oh, sorpresa!, resulta que cada uno de los 28500 ordenadores portátiles viene con una partición con Molinux y otra con XP y su Office de Microsoft correspondiente, de manera que del pastón que va a costar la dotación de dichos 28500 portátiles la partida que más coste tendrá será precisamente la de las licencias para el bonito de Bill Gates. Porque no sólo no se han conformado con instalar el dichoso windows, sino que, además, se incluye una suite ofimática de pago como es office cuando incluso para windows las hay mejores y gratuitas como, por ejemplo, openoffice.
Y, ahora, las preguntas:
¿Para qué leches se gasta tiempo y dinero en hacer una distribución propia cuando no se apuesta por ella?
¿Para qué pagar una licencia cuando podemos tener el equivalente gratis?
¿Para cuando algo relacionado con el software libre y la administración pasará de la pura y dura propaganda?
jueves, 21 de agosto de 2008
La bendita clase media
Hace unos días, en una charleta de amigos, uno de ellos propuso que en el planeta se vivía infinitamente mejor que hace un siglo, en la línea de los positivistas y su fe ciega en el progreso técnico. Sin embargo, si tenemos en cuenta los avances conseguidos y las posibilidades que nos ofrece dicho progreso en cuanto a potencial de bienestar, se comprueba fácilmente que dicho progreso ha sido acaparado precisamente por las mentadas clases medias de los países occidentales. Es cierto que la mortalidad infantil, o la esperanza de vida han mejorado estadísticamente en lo que va de siglo, pero vemos que los avances se focalizan en el Norte, mientras que llegan con cuentagotas a los países del Sur. Es como si los obreros de una fábrica que produce diez veces más que hace un año recibieran sólo un 5% más de salario y tuvieran que agradecer al patrón que sus condiciones de vida han mejorado: cuantitativamente sí, pero en cuanto a redistribución de la riqueza se trataría de una broma de mal gusto.
De la misma manera las clases medias de Occidente vienen esquilmando el planeta: cada vez que disfrutamos de nuestro nuevo portátil, wii, batido de soja o crema hidratante se va colocando un nuevo ladrillo en el muro de la desigualdad social. Para tranquilidad de nuestras bien alimentadas conciencias nos solazamos en esporádicas compras de comercio justo, en reciclaje de vidrio cada fin de semana o en salidas en bicicleta. Pero la realidad sepulta estos pequeños (pese a loables) gestos bajo la gigantesca losa del capitalismo (que siempre es salvaje) que exprime las economías del Sur mientras nosotros, bienintencionados, nos escandalizamos ante las guerras endémicas en África (provocadas por los intereses comerciales de Occidente), ante las hambrunas periódicas (provocadas por los intereses comerciales de Occidente) o ante la falta de medicamentos (provocada por los intereses comerciales de Occidente) para enfermedades curables como la malaria.
Y nos consolamos repudiando a las empresas multinacionales o los poderes económicos responsables directos de dichas calamidades votando cada cuatro años a los partidos que, sólo nominalmente, predican la socialdemocracia, olvidando que precisamente es el bienestar y el progreso de las clases medias el sustentador último de dicho estado de las cosas.
Afirmar que el bienestar de las clases medias es un indicador del bienestar social no es, por lo tanto, tan solo una falacia, sino que apunta más bien a lo contrario: a que cuanto más boyantes sean las clases medias de Occidente mayor será la depauperación y la rapiña en el Sur.
Una vez más, socialismo o barbarie. O, como dicen mis anticuados, desubicados y trasnochados camaradas de la “A” y de la estrella roja:
“Ni guerra entre pueblos, ni paz entre clases”.
viernes, 8 de agosto de 2008
Nada nuevo bajo el sol
Como dijo mi amigo Ángel Tajuelo, las crisis son la "cara b" del disco capitalista, ¿por qué no pinchamos otro?.
Os dejo el fragmento en cuestión:
…”Todos sabemos cómo aterroriza el espectro de la crisis comercial a cualquier país moderno: la manera de anunciarse el advenimiento de dicha crisis es, de por sí, significativa. Después de unos cuantos años de prosperidad y buenos negocios, empiezan a aparecer vagos rumores en los diarios; la Bolsa recibe algunas noticias poco tranquilizadoras de ciertas quiebras; las indirectas que lánzala prensa se vuelven más específicas; la Bolsa se pone cada vez más aprensiva; el banco nacional aumenta la tasa de crédito, lo cual significa que el crédito es más difícil de obtener y los montos disponibles son menores; por último, las 235 noticias de bancarrotas y cierres caen como gotas de agua en un chaparrón. Y una vez que la crisis está en pleno auge, empiezan las discusiones acerca de quién tiene la culpa. Los comerciantes echan la culpa a la negativa de los bancos a conceder crédito y a la manía especulativa de los corredores de bolsa; los corredores se la echan a los industriales; los industriales se la achacan a la escasez de dinero líquido, etcétera. Y cuando por fin los negocios empiezan a mejorar, la Bolsa y los diarios ven los primeros síntomas con alivio, hasta que vuelven por un tiempo la esperanza, la paz y la seguridad.
Lo más notable de esto es que todos los afectados, el conjunto de la sociedad, consideran y tratan a la crisis como algo fuera de la esfera de la voluntad y el control humanos, un golpe fuerte propinado por un poder invisible y mayor, una prueba enviada desde el cielo, parecida a una gran tormenta eléctrica, un terremoto, una inundación.
El lenguaje que suelen utilizar los periódicos especializados al referirse a la crisis está lleno de frases tales como: “el cielo del mundo de los negocios, hasta ahora sereno, se esta empezando a cubrir de negros nubarrones”; o cuando se anuncia un drástico aumento de las tasas de crédito bancario, aparece invariablemente bajo el título de “se anuncian tormentas”, y después de la crisis leemos cómo pasó la tormenta y qué despejado está el horizonte comercial. Este estilo periodístico revela algo más que el mal gusto de los plumíferos de la página financiera; es típico de la actitud hacia la crisis, como si ésta fuera el resultado de una ley natural. La sociedad moderna contempla con horror cómo se cierne; agacha la cabeza temblorosa bajo los golpes que caen como una granizada; aguarda el fin de la prueba y vuelve a levantar cabeza, tímida y escépticamente; mucho después la sociedad comienza a sentirse segura una vez más. Así esperaban los pueblos de la Edad Media las plagas y hambrunas; la misma consternación e impotencia ante una prueba severa.
Pero las hambrunas y pestes son antes que nada fenómenos naturales, aunque en última instancia las malas cosechas, las epidemias, etcétera, también tienen que ver con causas sociales. Una tormenta eléctrica es un acontecimiento provocado por elementos físicos y nadie, dado el desarrollo alcanzado por las ciencias naturales y la tecnología, es capaz de producir o impedir una tormenta eléctrica. Pero, ¿qué es una crisis moderna? Consiste en la producción de demasiadas mercancías. No hay compradores, y por lo tanto se detienen la industria y el comercio. La fabricación de mercancías, su venta, comercio, industria: tales son las relaciones en la sociedad moderna. Es el hombre quien produce las mercancías, y el hombre mismo quien las vende; el intercambio se da entre una persona y otra, y dentro de los factores que constituyen la crisis moderna no encontraremos un solo elemento que trascienda la esfera de la actividad humana. Es la sociedad humana, por tanto, 236 la que produce periódicamente las crisis. Y al mismo tiempo sabemos que la crisis es un verdadero azote de la sociedad moderna, esperada con horror, soportada con desesperación y que nadie desea. Salvo para algunos especuladores bursátiles que tratan de enriquecerse rápidamente a costa de los demás, y que con frecuencia no se ven afectados por ella, la crisis constituye, en el mejor de los casos, un riesgo o un inconveniente para todos.
Nadie desea la crisis; sin embargo ésta se produce. El hombre la crea con sus propias manos, aunque no la quiere por nada del mundo. Tenemos aquí un hecho de la vida económica que ninguno de sus protagonistas puede explicar. El campesino medieval producía en su parcela lo que su señor, por un lado, y él mismo, por el otro, querían y deseaban: granos y ganado, buenos vinos y ropas lujosas, alimentos y bienes suntuosos para sí y para su hogar. Pero la sociedad moderna produce lo que no quiere ni necesita: depresiones. De vez en cuando produce bienes que no puede consumir. Sufre hambrunas periódicas mientras los almacenes se abarrotan de artículos imposibles de vender. Las necesidades y su satisfacción ya no concuerdan más; algo oscuro y misterioso se ha interpuesto entre ellas.”
martes, 5 de agosto de 2008
Cambio de vida
Voy a cambiar la paleta por la tiza, el cemento por las diapositivas, el azulejo por el ordenador. Desde aquí quiero daros las gracias a todos los que habéis aguantado mi estrés y mis nervios y en vez de mandarme a freir espárragos me habéis animado siempre hacia adelante.
Muchísimas gracias a tod@s.
viernes, 25 de julio de 2008
Los años oscuros en Miguel Esteban, por Pablo Torres
Por tanto, lo primero que hay que resaltar es lo necesario de la publicación de este libro. Ha habido otros trabajos sobre este periodo histórico, pero siempre parciales o escasos, como el libro de Martín Jiménez (sin ningún rigor historiográfico y ceñido a un visión netamente derechista), o el trabajo presentado al Congreso sobre Memoria Histórica en Castilla- La Mancha por José Félix Felipe Ochoa (una pequeña síntesis que por su carácter de ponencia es a la fuerza parco en contenidos). Tengo conocimiento de que en el futuro inmediato se publicarán otras obras por parte de mis camaradas y amigos J. F. Felipe Ochoa y de Vicente Torres Encinas (ésta segunda ya de inminente edición) que sin duda arrojarán más luz sobre este oscuro periodo y animarán el necesario debate historiográfico.
El autor de “Los años oscuros en Miguel Esteban”, Pablo Torres, es un periodista gráfico residente en la Comunidad de Madrid pero de raíces migueletas: no en balde es nieto de Genaro Torres Araque, que fuera alcalde republicano de Miguel Esteban entre 1936 y 1937, hecho que deja claro en el libro por activa y por pasiva. Desde las primeras páginas Torres aclara su toma de partido por el bando perdedor, no sólo por ser el nieto de un señalado republicano que resultaría fusilado al acabar la contienda, sino por la necesidad expresada anteriormente de visibilizar a los perdedores y demostrar que las acusaciones que desde hace más de 70 años se viene haciendo contra ellos son, en gran medida, falsas e insidiosas.
Sin embargo, lo anterior es uno de los puntos flacos del libro: por el hecho de querer limpiar el honor de la causa republicana en Miguel Esteban, Torres construye una historia maniquea donde pareciera que todo aquel simpatizante de las derechas fue un monstruo sediento de sangre y todos los de la izquierda prohombres íntegros y mujeres semidivinas animados por nobles sentimientos democráticos. La Historia no es nunca blanca o negra, sino que está irisada por una amplia gama de matices. Pretender que todo el que entonces fuera de derechas fue malo por naturaleza y que ningún militante de izquierdas protagonizó ninguna injusticia que no estuviera justificada es una exageración tan grande que desluce por su enormidad el resto del trabajo desarrollado en sus páginas. Se echa en falta además en el libro de Torres un análisis económico riguroso del periodo que explique las condiciones laborales, culturales y sociales que explicarían los ulteriores sucesos acaecidos durante el trienio de la Guerra Civil.
Hay algunos aspectos del libro que, no obstante, merecen un análisis crítico en profundidad por no ajustarse a la realidad. Está claro, y es legítimo, el compromiso de Torres (o, al menos, las simpatías) con el PSOE, pero dicha toma de partido lo lleva a tensar de tal manera los datos históricos que construye una interpretación histórica deformada, parcial y tendenciosa, y, por lo tanto, falsa. La aclaración del propio Torres en el prólogo de que se trata de la obra de un periodista y no de un historiador no justifica dichas distorsiones, porque en su papel de periodista conoce bien la necesidad de la no manipulación de los datos, del rigor documental y los resortes que no se deben pulsar en cualquier investigación por motivos de ética.
El ejemplo más claro de dicha distorsión es la repetición hasta la saciedad de que Genaro Torres fue “alcalde socialista de Miguel Esteban”. En realidad, Genaro Torres nunca fue militante socialista, lo fue toda su vida de Izquierda Republicana, partido de carácter de izquierda burguesa no marxista. Pablo Torres tensa tanto los hechos para demostrar la filiación socialista de su abuelo que llega a insinuar que fue uno de los fundadores del PSOE miguelete apoyándose en un vago informe de la Guardia Civil de la posguerra, uno de los informes de los que él mismo rechaza la veracidad por tendenciosos, manipulados y faltos de rigor. Llega a mezclar de tal modo los datos históricos que inventa una coalición “IR-socialistas” inexistente: para las fechas en las que la sitúa sí que existió el Frente Popular, integrado por republicanos, socialistas y comunistas; también existió una coalición electoral republicano-socialista previa a la IIª República que se extinguiría tras el advenimiento de ésta, pero en la que los idearios de IR, UR o del PSOE jamás se mezclaron y en la que también estaban incluidas formaciones republicanas y personalidades de derecha como Alejandro Lerroux o Alcalá Zamora, lo que llevó a oponerse a dicha coalición (por burguesa) a muchos dirigentes del PSOE (como su propio presidente, Julián Besteiro), por entonces muy radicalizado e imbuido del espíritu revolucionario emanado por la Revolución Soviética. Esta parcialidad se debe sin duda a un intento por parte del autor de darle al PSOE un protagonismo hegemónico en la época del que careció a todas luces en Miguel Esteban, aunque también podría achacarse a cierta falta de conocimiento en profundidad de la época: por ejemplo, cita a Remigio Cantos como miembro de la Falange Española Tradicionalista, formación que fue creada como partido único por Franco (al fundir en ella elementos monárquicos, de derecha burguesa, requetés (carlistas) y falangistas de FE-JONS) después de morir el propio Remigio Cantos. Así, cita a los miembros de las Juventudes Socialistas Unificadas (que aunaba en su seno socialistas y comunistas, con preponderancia ideológica de los segundos) como miembros de las Juventudes Socialistas, a secas; no enuncia en ningún momento la composición del Ayuntamiento, muy reveladora (incluía el mismo número de miembros del PCE que del PSOE o de IR, además de miembros de UR, de CNT y de la UGT, sindicato de ideario marxista que aunaba en su seno gentes de todas las tendencias de izquierdas – no sólo socialistas o comunistas- y por entonces dominado por miembros del PCE en Miguel Esteban). El ninguneo de la importancia del PCE en dicho periodo de la historia migueleta junto con la maximización del papel del PSOE chirría tanto como el silenciamiento del ideario revolucionario de muchas de las personas que sufrieron cárcel, exilio represión e, incluso, la muerte. La pretensión de Torres de que todos ellos lucharon, sufrieron y hasta murieron sólo por la democracia es tan irreal como injusta: en aquellos años tuvo lugar una revolución en toda regla, una Revolución democrática (por mayoritaria) que pretendió abolir el orden liberal establecido para implantar un nuevo statu quo basado en la propiedad colectiva y la eliminación de las diferencias de clase. Olvidar este punto esencial significa no sólo manipular la Historia para edulcorarla haciéndola más amable y digerible para ciertos sectores de la población o para los convencionalismos democráticos actuales: es también, sin quererlo, infligir a aquellos luchadores una segunda condena, la del olvido de todo aquello por lo que lucharon y, por lo tanto, la inutilidad de todos sus esfuerzos. Estos hombres y mujeres merecen ser recordados por lo que fueron y por lo que representaron: no tenemos por qué edulcorar sus acciones mostrando sólo aquellas que nos enorgullecen ni esconder los hechos trágicos o luctuosos que algunos protagonizaron, porque fueron hijos de una época y de unas circunstancias muy duras y de crisis de todo tipo que exigieron acciones inmediatas y contundentes. Nuestro deber como militantes de izquierdas es aprender de su ejemplo, emular su esfuerzo, su determinación, sus experiencias y sus ideales, al mismo tiempo que aprender de sus errores para no volver a cometerlos haciendo bueno el manido lema de que el pueblo que olvida su Historia está condenado a repetirla.
En la línea de lo anterior, es menester fijarnos en la visión que Torres plantea sobre la CNT en Miguel Esteban. Según él, la CNT no existía organizada hasta el golpe de Estado del 36, y una vez organizada se convirtió en un nido de ultraderechistas infiltrados, conspiradores contra la República. Así, Juan Flores, cenetista asesinado a sangre fría por Paulino Argumánez, lo habría sido por dichas razones. Sin embargo, hay constancia de la existencia en Miguel Esteban, ya antes del golpe de Estado del 36, de un sindicato de la CNT que agrupaba en su seno a los albañiles, mientras que los campesinos se organizarían dentro de la UGT. Además, según otras versiones, Juan Flores bien pudo haber sido un anarquista convencido y preparado, muy activo, con vínculos en toda la comarca, en especial con una célula libertaria muy activa en Campo de Criptana. Según estas versiones, la muerte de Juan Flores debería inscribirse en la pugna entre marxistas y anarquistas en los inicios de la guerra (donde se producirían luctuosos sucesos como la eliminación de Andreu Nin o la demonización del POUM por parte del PCE). A raíz de la muerte de Juan Flores tanto su familia como muchos de sus antiguos camaradas de la CNT se pasaron a las derechas. Sin embargo, es cierto que muchos derechistas se afiliaron en masa (por razones pragmáticas: como vulgarmente se dice, por salvar el pellejo) a partidos y sindicatos de izquierda; sobre todo, en Miguel Esteban, a la CNT. Torres, en su celo anti-cenetista, llega al extremo de insinuar, sin ninguna base, que el asesinato de un joven miguelete en La Calera podría haber sido perpetrado por un infiltrado derechista en un grupo incontrolado de la CNT de la provincia de Ciudad Real que por aquellos días protagonizó algunos actos vandálicos por la comarca (aunque parece ser que sí existen indicios de que el autor de dicho asesinato perteneciera a dicho grupo).
Sin embargo, la CNT llevó a cabo una actividad que en nada puede considerarse reaccionaria. En concreto, una de las dos colectividades agrarias que funcionaron eficientemente en Miguel Esteban era de CNT. Torres, por cierto, también pasa de puntillas sobre todo lo referente a las colectividades: sólo en un caso se refiere a ellas, y lo hace para insinuar que sólo existe un “documento” que mencione a la Colectividad Leningrado (es inmediato comprobar las fuertes connotaciones comunistas del nombre).
Sin embargo, estas críticas no deben ser tomadas como una descalificación global del libro. Se trata, como ya se ha indicado, de una obra valiente y necesaria, que debe tomarse como un punto de partida para posteriores investigaciones.
Lo mejor del libro es la cantidad de datos que Pablo Torres aporta, y que suponen un fogonazo de luz en la oscuridad oficialista de dicho periodo histórico. La Historia de los pueblos no puede quedar enterrada, debe sacarse a la luz para que nuestros descendientes aprendan de las experiencias pasadas. Y esto es doblemente necesario en un pueblo como Miguel Esteban donde la única versión de la Historia que hemos conocido durante casi tres generaciones ha sido la de la oficialidad franquista.
En resumen, un libro que hay que leer, aunque esperamos que el autor pula en el futuro su estilo historiográfico (la insinuación no puede tener cabida en un trabajo de esta índole) y los errores de interpretación; errores que, por otra parte, suelen ser frecuentes en cualquier investigación histórica por diversas causas, en especial cuando, como es el caso, muchos documentos fueron destruidos porque suponían un peligro de muerte para muchos de los que aparecían en ellos (listas de afiliados, miembros de sociedades obreras, etc.).
sábado, 12 de julio de 2008
Un dolor casi insoportable
2. "Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país."
(Artículo 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos).
A nuestros progresistas, moralmente íntegros y bien alimentados gobernantes (cuyo dolor ante ciertos hechos es casi insoportable) se les olvidó añadir:
"Excepto si es pobre."
viernes, 11 de julio de 2008
Que gane el peor
Ha sido duro: después de hacer un CAP (Curso de Aptitud Pedagógica) donde no te enseñan nada, después de dejarme los ahorros en cursos de-formación (el guión no es una errata) que cualquiera puede comprar, después de largas noches de estudio tras largas jornadas de trabajo en la obra, por fin he podido optar a un puesto de trabajo en algo que me gusta: profe de Historia del Arte en el sistema público de educación.
Pero, aunque debería estar contento (porque me lo he currao, ¡qué leches!), me he dado de morros con la realidad: el sistema está viciado desde la raíz. Echando cuentas, aunque hubiera sacado un diez en cada prueba, cualquier mindundi con la suerte de haber entrado a trabajar cuatro años antes que yo ya jugaría con la ventaja de cuatro puntos más de méritos. Eso sin contar con que cada vez las supuestas pruebas selectivas sirven para cualquier cosa menos para seleccionar: se elige un tema de entre cinco (ya hay que ser negao para que alguno no te lo hayas preparado), los que tienen la suerte de haber trabajado siquiera una semana quedan exentos de una de las pruebas (pueden presentar un informe), etc. Y, como colofón, aunque se diera la posibilidad de que alguna persona fuese la que mejor nota obtuviera, no sólo podría quedarse sin plaza, sino que pasaría a una lista "B" a la hora de optar a cubrir interinidades, porque aquellas personas que ya hubieran trabajado (independientemente de cómo hubieran accedido al sistema, podría darse la posibilidad de haber entrado en lista con un cero) tendrían preferencia.
Estoy de acuerdo con eso de la estabilidad laboral, de que no se puede tener a la gente pendiente de un hilo, etc., etc. Pero lo que también tengo claro es que el sector público debe estar abierto a cualquier persona en igualdad de condiciones y en él deben trabajar aquellas personas que demuestren merecer el puesto por méritos propios.
Hay muchos mecanismos para consolidar el trabajo de los interinos sin necesidad de incurrir en agravios comparativos: reservar plazas para un sistema de promoción interna, optar a bolsas de trabajo específicas, etc., etc.
Pero lo que no puede ser es que cualquier inútil (y no digo con esto que un interino sea un inútil, por supuesto) pueda superar manu militari a una persona preparada y con ganas. En primer lugar, porque es injusto. En segundo lugar, porque el acceso a la función pública debe ser imparcial y selectivo. Y, en tercer lugar, porque son nuestros hijos e hijas los que pagan el pato: luego querrán paliar con dotaciones informáticas y campañas publicitarias lo que no se ofrece a la chavalería en las aulas.
Y, lo más sangrante, es ver a los sindicatos de clase defendiendo con uñas y dientes a una pléyade de desgarramantas que sólo quieren poner el cazo y que cada cuatro años van en procesión a las urnas con su papeleta del PP. La caña.
sábado, 5 de julio de 2008
Las crisis las financiamos siempre los mismos
Las conclusiones son evidentes:
En nuestro sistema económico los servicios públicos se financian con impuestos indirectos. Si se bajan los impuestos a los más ricos (lo que Botín y compañía llaman “presión fiscal”), por ejemplo el de Patrimonio o los tramos del IRPF a las grandes fortunas, si se financia a la empresa con subvenciones a troche y moche, si se otorgan a los empresarios beneficios fiscales, está más claro que el agua que alguien debe pagar la factura de nuestro Estado del Bienestar.
Y esa financiación se hace, por fuerza, a través de los impuestos indirectos, que pagamos todos y todas. Por eso se pusieron como una fiera nuestros progresistas dirigentes europeos cuando se habló de rebajar los impuestos de los carburantes, por eso los ayuntamientos de todo el espectro político centrista crean zonas de aparcamiento de pago en nuestras calles y por eso son los impuestos sobre el consumo (que pagamos los más pobres) los que financian las subvenciones que reciben los más ricos.
Aunque los pobres mortales sabemos poquito de economía, una cosa está hiperclara: para que a ellos les vaya bien, a los trabajadores, a los pobres, a los desempleados, a los que sufrimos las crisis, nos tiene que ir mal. Porque cuando la economía está boyante, no recibimos nuestra parte; y cuando las cosas se tuercen, ya nos empieza a hablar el (¿socialista?) responsable europeo de economía (Almunia) de flexibilidad laboral, moderación salarial y control del gasto público.
(Nota.: Banda sonora de La Polla Records: Ya no hay esclavitud -producir-, ¡qué mundo tan feliz! -consumir-)
sábado, 7 de junio de 2008
Hiprogresía
-"¿Qué te parece, Lázaro? Lo que te enfermó te sana y da salud".
En estos últimos días he visto la misma historia recreada una y otra vez. Los poderosos del planeta se han reunido en Roma al grito de ¡ay, pena, penita, pena! para arreglar el hambre del mundo. Las mismas potencias de Oriente y Occidente cuya política económica ha causado la actual situación de depauperación y miseria en dos terceras partes de la Tierra se afanan en pronunciar sentidos discursitos y en darse golpes de pecho (mass media mediantes). El propio Zapatero, mientras tendía su mano izquierda a los 850 millones de pobresitos negritos, cerraba con la mano derecha un acuerdo paneuropeo mediante el cuál se cierra un poco más el lazo al cuello de los llamados inmigrantes ilegales en la Unión Europea.
Y es que da mucha penita que se mueran de hambre los pobres negritos, pero que no se les ocurra acercarse a mi mansión porque les suelto los perros. ¿Qué más quieren?: ya tienen libre acceso a nuestros cubos de basura, a nuestras sobras, a ver si se han creído que tienen derecho a una vida digna como nuestros hijos.
Quizás algún mojigato piense que con los 850 millones de euros prometidos para combatir la presente hambruna se va a solucionar el problema de esos 850 millones de personas en el continente africano en riesgo real de morir de hambre (por cierto, un euro por persona si los cálculos no me fallan). Son las políticas económicas de la Unión Europea y las del resto de sus compañeros de banquete las que han producido la presente situación: la especulación, las catástrofes naturales y la desertificación producidas por el cambio climático, la deuda externa, el expolio de materias primas, los altos aranceles a los productos agropecuarios de los países del Sur, las subvenciones a los productos agrícolas de los países ricos, el dumping, la contaminación de los acuíferos y de la atmósfera, la fuga de cerebros que extrae de sus países de origen a las pocas personas con formación técnica o científica, etc., etc., etc.
Mientras el sistema económico no cambie, las consecuencias seguirán siendo, por desgracia, las mismas. Cuanto más ricos seamos en el Norte, más pobres serán más millones de personas en el Sur, en una relación de causa-efecto en la que la pobreza de los más causa la riqueza de los menos, y no al revés. El Liberalismo se ha desarrollado en el mundo durante 200 años (y en las últimas décadas sin cortapisas; léase la caída del muro), y los resultados son los que son: bienestar para unos privilegiados, miseria para los demás. Pero, mientras esa marea de pobres se ubique a 2000 km de nuestras casas, el problema se reducirá al sobre del Domund y la casilla de fines sociales del IRPF y, acaso, las postales de la UNICEF en las navidades.
Ya lo dijo Rosa Luxemburgo: Socialismo o Barbarie.
Y va a ser Barbarie.
Para rato.
sábado, 31 de mayo de 2008
¿Quién dijo laicismo?
Y funcionó, ¡vaya si funcionó! Una marea de votos de gentes de izquierda acudió en tromba a votar al laico Zapatero pensando que al día siguiente de las elecciones la presencia de la Iglesia en las instituciones públicas sería cosa del pasado.
Pero, ¡ lo que son las cosas!, a la primera de cambio el PSOE nos ha demostrado su terror a las sotanas: daba pena ver en el Congreso a un Ramón Jáuregui diciendo que no era necesaria una Ley para eliminar los símbolos religiosos en las tomas de posesión de los cargos públicos. Según Jáuregui, con el tiempo y una caña, ya se irían eliminando poco a poco dichos símbolos, "de la misma manera que no ha hecho falta ninguna Ley para eliminar los crucifijos de las escuelas públicas".
Por la misma regla de tres, según el razonamiento de Jáuregui, tampoco hubiera hecho falta ninguna Ley para elimininar los símbolos franquistas, ni para prohibir la exhibición de símbolos racistas y xenófobos en actos públicos, para prohibir fumar en locales cerrados o para regularizar los matrimonios de personas del mismo sexo, ¡ya se hubiera encargado la Sociedad, una vez que lo hubiera asimilado todo (más o menos en el siglo XXV), de hacerlo por su propio peso!
El PSOE nos ha demostrado su faceta chupacirios de la manera más cutre. Ni siquiera ha sido debatiendo la eliminación de la financiación pública de la secta católica, ni la supresión de la figura de los capellanes castrenses, ni otras cosillas de verdadera miga: han salido espantados como colegiales sólo con haber divisado en la lejanía la sombra de un báculo.
Y así nos va: de báculo.
jueves, 22 de mayo de 2008
La satisfacción de los lobos
Lejos quedaban aquellos tiempos en los que tenían que salir a cazar por esos bosques, ya que desde hacía mucho criaban en sus propios establos a las suculentas ovejas de raza merina. Sin embargo, las leyes del Reino les imponían grabosas condiciones para sus haciendas: control veterinario, número máximo de ovejas por bebedero, etc. Así que comenzaron a introducir en los establos ovejas ilegales, de raza churra (que abundaban, ya que la lluvia ácida producida por las fábricas de los lobos había esquilmado los prados de sus valles de origen), las cuales, además de ahorrarles a los lobos impuestos, gestiones, etc., consumían menos pienso y su carne era tan sabrosa y su sangre tan dulce como la de las merinas, así que, poco a poco, los lobos fueron reduciendo la ración de pienso de las merinas y a relajar las medidas higiénicas y de control para con ellas.
Por esas razones, la agitación empezó a alterar la paz de los establos. Las merinas se quejaban de las magras raciones, del hacinamiento, del lento pero progresivo deterioro de su nivel de vida. Así que los lobos tomaron cartas en el asunto.
Decidieron difundir por los establos que la culpa de todo la tenían las churras, que portaban enfermedades de sus incivilizados prados, que se empeñaban en comer menos y en hacinarse en los rincones más sucios, por lo que su competencia era desleal.
La peregrina idea, no obstante, cuajó entre las merinas. Bajo la mirada satisfecha de los lobos, las churras eran objeto de vejaciones cada vez más frecuentes, por lo que su miedo las empujaba a no comer demasiado, con lo que los lobos cada vez daban raciones de pienso más magras y el ciclo se retroalimentaba una y otra vez.
"¿Y ninguna oveja merina se dio cuenta?", os preguntaréis, queridos niños y niñas. Pues sí, pero como las ovejas negras eran cada vez menos y estaban tan desprestigiadas por pedir la libertad de la vida en los prados y renunciar a la confortable y civilizada vida del establo, nadie les hacía caso.
Y los lobos sonreían satisfechos mientras clavaban sus dientes en los tiernos cuellos de sus ovejitas, lo mismo de las churras que de las merinas.
* * * * * *
Esta mañana estaba en el tajo y se me acercó Manuel, un extremeño rondando los 60 años con un gracioso gracejo castúo. Pero hoy no estaba para guasas. Le habían dado el boleto (la carta de despido). Y, cuando acabábamos la típica charla (que si la construcción está muy mal, que si muchas empresas, después de haberse llevado la pasta, dan el cerrojazo, etc.), me suelta Manuel:
-"Si es que no me extraña, si es que hay mucho extranjero, que como cobran menos nos están quitando el curro."
Mientras hablaba, sobre el ruido de la hormigonera y el murmullo de Radiolé de la cuadrilla de yeseros de al lado, he creído oír un prolongado aullido de lobo en la lejanía.
Habrá sido mi imaginación.
O la mala leche que se me ha puesto.
miércoles, 14 de mayo de 2008
Marcar el aspa
En los días pasados algún pequeño debate se creó alrededor de estos llamamientos mediáticos y de la virtual decisión (tiiiiiibia) del Gobierno de "avanzar en la laicidad del Estado" (sic.). Una ráfaga fresca de racionalidad sacudió las apolilladas mitras obispales y sus titulares montaron en cólera con la excusa (manida) de que la dichosa casilla del IRPF no era más que un nuevo ataque a la Iglesia en venganza por las aún calientes manifestaciones callejeras de los obispos en apoyo del denostado Rajoy. Pero la sangre no llegará al río.
Se olvidan estos señores con faldas y puntillas que ellos mismos firmaron unos acuerdos hace décadas en los que se comprometían con el Gobierno de turno a autofinanciarse. La actual situación de financiación de la Iglesia Católica por parte del erario público no es sólo un anacronismo decimonónico sino, lo que es más grave, un incumplimiento supino de unos acuerdos que la propia Iglesia firmó.
Sin embargo, la Iglesia no cejará en su empeño de seguir mamando de la teta estatal. Sobre todo porque saben de la debilidad real de los golpes de efecto de Zapatero sobre el tema. Si el Gobierno encabezado por el Presidente Rodríguez Zapatero tuviese la más mínima intención de cambiar las tornas, hace tiempo que hubiera denunciado los Acuerdos con la Santra Sede. Pero Zapatero se debate entre la racionalidad de una medida que no haría sino poner a España en la órbita de los países civilizados (porque uno de los pilares de la civilización occidental es la dieciochesca separación entre Iglesia y Estado) y el miedo ridículo a que los voceros de la ultraderecha (que no son, como muchos piensan, los espantajos tipo Jiménez Losantos) aparten del regazo del PSOE a un par de millones de votantes moderados.
Entre tanto, siempre nos quedará París: marcar la aspita (la de fines sociales, por supuesto).